LA INUTILIDAD DEL CONFLICTO

Por tanto, ya que ellos son de carne y hueso, él también compartió esa naturaleza humana para anular, mediante la muerte, al que tiene el dominio de la muerte —es decir, al diablo—, y librar a todos los que por temor a la muerte estaban sometidos a esclavitud durante toda la vida. Hebreos 2:14,15

Era la hora del crepúsculo en Washington, DC. Estaba cayendo una llovizna. Estábamos de pie delante del muro conmemorativo de los veteranos de Vietnam. Mientras pasaba mis dedos sobre los nombres de los dos jóvenes de nuestra congregación que estaban allí, admito que en mi garganta quedó atrapado un sollozo. Ellos no fueron los primeros ni serán los últimos en morir en un conflicto. Las guerras y los rumores de guerra van a estar con nosotros hasta el fin del tiempo. Y todo eso parece tan inútil.

Lo mismo ocurre con nuestros seres amados. A veces bastante más allá de los proverbiales 70 años, a veces mucho antes de eso, la muerte reclama a nuestros amados. Le médicos diagnostican, las compañías farmacéuticas hacen intensa investigación, pero nuestros amados siguen muriendo. Y lloramos porque no podemos hacer nada al respecto.

¡Cuán diferente es con nuestro Señor Jesús! Para él, la muerte no fue una derrota. Él no murió porque ya no podía seguir viviendo, sino porque así lo eligió. De hecho, fue para eso que asumió nuestra carne y sangre y compartió nuestra humanidad. Él vino para llevar nuestro pecado, para cobrar el salario de la muerte y terminar como un cadáver en la cruz del Calvario. Inútil, era lo que le parecía al ojo externo aquel día. Parecía que Satanás había ganado otra vez. El infierno estalló en champaña por la celebración de la victoria. Pero usted y yo sabemos la verdad. Es por eso que puedo ir a los cementerios de la vida sin ningún temor.

Oración:

Jesús, cuando me acuerdo de mis seres amados, recuérdame que tú tienes la victoria sobre la muerte. Amén.