“La misericordia de Dios es eterna para aquellos que le temen” (Lucas 1:50).

MAGNIFIQUE AL SEÑOR POR LA PERMANENCIA DE SU MISERICORDIA

Dios es misericordioso. Esta verdad básica distingue el cristianismo de todas las otras religiones. El Dios todopoderoso, eterno, omnisciente, justo sería nuestro enemigo invencible si él no fuera también misericordioso. Su misericordia es nuestro punto de contacto con él. Eso hace posible que nos alegremos en su poder, en su sabiduría y en su justicia. Si Dios no fuera misericordioso, lo único que podríamos recibir de él sería el castigo ahora y para siempre.

La misericordia de Dios es la bondad que muestra a los abatidos y a los afligidos, a los que no pueden contar con ningún favor de Dios, debido a que sus pecados los han separado de su Creador. Eso nos incluye a nosotros.

Sin embargo, María nos recuerda: “La misericordia de Dios es eterna para aquellos que le temen”. Los que no temen a Dios se separan ellos mismos de su misericordia.

Temer a Dios significa respetarlo y reconocer toda la autoridad que tiene sobre nosotros. Nos ha dicho cómo vivir y exige obediencia perfecta. Por mucho que lo intentemos, no podemos llegar a la perfección que exige. Ni siquiera podemos dar el primer paso. Nuestros mejores esfuerzos no tienen ningún mérito. No podemos estar ante su presencia.

Pero las Escrituras nos dicen que Dios es misericordioso. Nos ama a pesar de nuestros pecados. Cuando el pecado entró en el mundo, él estaba allí mismo asegurándonos su misericordia. Inmediatamente, prometió que enviaría a un Salvador que libraría a la humanidad pecadora de las garras de la serpiente antigua, Satanás. Y la misericordia de Dios se extiende a todas las personas de todas las generaciones que creen en el Salvador prometido que vino a su debido tiempo.

En misericordia Dios hizo esa promesa, y en misericordia la cumplió. La misericordia no es una actitud esporádica de Dios; es un atributo permanente de Dios. En misericordia, eligió a Abrahán para que fuera el padre de su pueblo especial, los israelitas. En misericordia, sustentó y protegió a las personas de esa nación a pesar de que le fueron infieles. En misericordia, envió a su Hijo para que naciera de la virgen María y sufriera y muriera por los pecados del mundo.

Debemos depender de esa misericordia todo el tiempo que vivamos, porque aun las acciones de servicio que realizamos y que agradan a Dios son débiles e imperfectas. La única esperanza que tenemos está en la misericordia de Dios en Cristo.

Gracias a Dios que su misericordia “es eterna”. La misericordia de Dios en Cristo Jesús es necesaria para nuestra generación y para cada generación hasta el fin de los tiempos. Nunca pasará de moda, no importa cuánta gente piense que no la necesita.

Oración:

Dios, sé misericordioso conmigo, que soy pecador, por amor a Jesús. Amén.