HACIENDO MEMORIA DE TODA BENDICIÓN

Alaba, alma mía, al SEÑOR, y no olvides ninguno de sus beneficios. Él perdona todos tus pecados.… Él colma de bienes tu vida.

– Salmo 103:2-5

El orador pidió que todos se pongan de pie y cuenten a la persona de su lado lo mejor que les haya ocurrido ese día. Sinceramente, ése no había sido uno de mis mejores días y tenía muchas cosas malas para contar. Una señora me contó lo bueno que le había sucedido. Llegó mi turno y, de pronto, recordé algo que hasta ese momento había olvidado por completo. Al mediodía, mientras almorzaba en un restaurante el aroma del café me recordó que en la mañana salí tan apresurado que no apagué la cocina eléctrica en la que calentaba el agua para mi desayuno. Horrorizado, e imaginando lo peor, tomé un taxi rumbo a casa. Al llegar no había bomberos, ni humo. El suministro eléctrico había sido cortado en toda la zona. Fue lo mejor que me pasó ese día, pero para el anochecer yo ya lo había olvidado. El orador quería demostrar que usualmente solo recordamos las cosas malas que nos suceden.

Dios nos bendice continuamente, pero estamos tan concentrados en lo malo que nos sucede que no percibimos las muchas bendiciones que él nos otorga. En este salmo David se exhorta a sí mismo a no olvidar ninguna de las bendiciones divinas. Olvidar las bendiciones divinas es un pecado de nuestro «orgullo pecaminoso» (Deuteronomio 8:2-4, 14,17; 2 Crónicas 32:24-26). El apóstol Pablo escribió: «Den gracias a Dios en toda situación, porque esta es su voluntad para ustedes en Cristo Jesús» (1 Tesalonicenses 5:18).

No siempre somos agradecidos con Dios. Deberíamos agradecer a Dios continuamente (Salmo 55:17; 34:1; Daniel 6:10), pero fallamos mucho y, lo que es peor, no lo hacemos perfectamente. Cristo dio gracias al Padre perfectamente y lo hizo en lugar de nosotros (Juan 11:41), y en la cruz recibió el castigo por este nuestro pecado. Conociendo las buenas noticias y movidos por su amor, queremos vivir agradecidos a Dios, realizando todo lo que hacemos solo para su gloria.

Oración:

Señor, te doy gracias por todas las bendiciones que me has dado. Te suplico no permitas que la ingratitud gobierne mi corazón; y haz de mí un cristiano agradecido. Amén.