“¡A él sea la gloria por siempre! Amén” (Romanos 11:36)

AMANDO MUCHO A DIOS 

Susana se tardaba en llegar a casa después de la práctica de vóleibol, y sus padres estaban preocupados. Cuando por fin llegó a casa, su madre le dijo con gran alivio: “Susana, ¿dónde estabas?”. “Oh, pasaba por la iglesia de regreso a casa y entré un rato”. “Pero hoy es sábado”, le contestó su mamá, “no hay ningún oficio religioso hoy”. “Lo sé, pero solo pasé para amar a Dios un poco”, respondió Susana.

Podemos aprender una lección de Susana. Amar a Dios no es algo que se reserva para una hora, un día a la semana. Dios no nos ama a nosotros de vez en cuando. No nos ama únicamente una hora de las 168 que hay en la semana. Nos ama todo el tiempo. Desde la eternidad nos amó y nos ha elegido para ser suyos. Cuando se cumplió el tiempo señalado, envió a su Hijo para ser el Salvador del pecado. Amó tanto a toda la gente que envió a Jesús a morir por todos nosotros. Nos amó tanto que nos llamó a la fe por su evangelio. Nos ha guardado en la fe. Ha dado el Espíritu Santo para que obre en nosotros, e incluso mora en nosotros. Nos ama tanto que nos habla en su palabra y nos escucha cuando acudimos a él en oración. Nos ama tanto que nos proporciona todas las carencias y necesidades diarias. Nos ama tanto que quiere que estemos con él en las mansiones del cielo para siempre y ha arreglado para que eso pase.

¿Cuánto amamos a Dios? ¿Lo suficiente para visitarlo un sábado cuando no hay nadie en la iglesia y pasar un rato mostrándole nuestro amor? ¿Lo amamos lo suficiente para que recordemos darle las gracias y alabarlo por todas las bendiciones que nos da cada día y todos los días? ¿Lo amamos lo suficiente para comer y beber y hacer todas las cosas para su gloria? ¿Lo amamos lo suficiente para dedicar un tiempo generoso para servirle en alguna forma especial en la obra de su reino? ¿Lo amamos lo suficiente para hablar a otros acerca de él? ¿Lo amamos lo suficiente para devolverle con regularidad los primeros frutos de todas las bendiciones materiales con las que nos ha colmado? ¿Lo amamos lo suficiente para reconocer las capacidades y los talentos que nos ha concedido y los usamos para el bienestar de su reino?

Tendremos el privilegio de darle siempre la gloria a Dios en las mansiones del cielo. ¿No sería bueno comenzar ahora? Dios no nos ama solo un poco; nos ama con un amor infinito en Cristo Jesús. Al darnos cuenta de eso, desde luego que no podremos estar satisfechos amando a Dios solo un poco. Queremos amarlo mucho.

Oración:

Señor, ayúdame a amarte siempre y eternamente, comenzando ahora mismo. Amén.

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