CUARESMA Y AMOR 

Al que nos ama y que por su sangre nos ha librado de nuestros pecados, … ¡a él sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos! Amén. Apocalipsis 1:5,6

Por semanas Miguel Ángel, había estado en el andamio pintando el techo de la Capilla Sixtina del Vaticano. Se habían acostumbrado tanto sus ojos a mirar hacia arriba que le dolían cuando los dirigía para mirar abajo a la tierra. Normalmente nuestro problema es lo opuesto. Aferramos nuestros ojos a la tierra y no los levantamos al cielo. Esta estación es tiempo para mirar hacia el cielo para maravillarnos de nuevo con el amor de Dios detrás de nuestra salvación.

Juan escribió: Él “nos ha librado de nuestros pecados.” La Cuaresma no es solo el tiempo para mirar hacia arriba al amor de Dios sino también para mirar internamente dentro de mí. Lo más honestamente que yo me examino, más maravilloso aparece el amor de Dios. ¿Qué veo cuando me examino? ¿Alguien digno del amor de Dios o con la suciedad del pecado embebida detrás de las uñas de la vida diaria? ¿Alguien cuyo andar es absolutamente limpio, o alguien cuya mente, lengua, y acciones, parecen como si hubieran pasado tiempo en los agujeros de barro del pecado? El examen interno rápidamente me recuerda qué tan asomboso es el amor de Dios para decender tan bajo a pecadores como yo.

¿Cuánto le costó a Dios librarme de mis pecados? Juan dijo: “sangre”. La cruz no fue decoración ni ornamento para Jesús. Ella estuvo llena de dolor y manchada con sangre. Peores fueron los tormentos del infierno. Todos los dolores del infierno que fueron la paga del pecado, él tuvo que padecerlos. El amor que sólo Dios puede manifestar lo llevó a él a esa cruz y lo mantuvo a él allá. De nuevo es tiempo de dirigir la mirada hacia arriba para maravillarnos con tal amor.

Oración:

Señor, lléname de gratitud y admiración, cada vez que escucho el mensaje de tu salvación. Amén.