LA SEÑAL DE JONÁS

Jesús les contestó:

—¡Esta generación malvada y adúltera pide una señal milagrosa! Pero no se le dará más señal que la del profeta Jonás. Porque así como tres días y tres noches estuvo Jonás en el vientre de un gran pez, también tres días y tres noches estará el Hijo del hombre en las entrañas de la tierra. Los habitantes de Nínive se levantarán en el juicio contra esta generación y la condenarán; porque ellos se arrepintieron al escuchar la predicación de Jonás, y aquí tienen ustedes a uno más grande que Jonás.

—Mateo12:39-41

La historia del profeta Jonás es bastante conocida, aunque no todos la aceptan como un hecho real, pues encuentran difícil creer que una ballena pueda tragarse un ser humano. Pero la Biblia no dice que fue una ballena, simplemente dice que fue un gran pez. Ese gran pez bien pudo ser un cachalote, un tiburón blanco o una criatura marina desconocida. Sabemos que es real, no porque sea razonablemente posible o porque la investigación científica lo constate, sino porque la palabra de Dios lo afirma. Jesús, se refiere a Jonás como un personaje real, y cita el contenido del libro de Jonás como un relato histórico que apunta a su resurrección: La única señal que Dios Jesús ha dado al pueblo judío de que él es Mesías es su resurrección al tercer día y la llama la señal del profeta Jonás.

Los judíos del tiempo de Jesús demandaban que una señal del cielo porque no querían creer la palabra de Dios anunciada y enseñada por el Señor Jesucristo. Pero pedir una señal no es muestra de fe, es evidencia de incredulidad. La fe cree lo que Dios dice en su Palabra aunque no se pueda ver (Hebreos 11:1). Dios quiere que le temamos y amemos, de modo que no despreciemos su palabra ni la prédica de ella; sino que la consideremos santa, la oigamos y aprendamos de buena voluntad. También quiere que creamos en la Biblia como su única Palabra revelada. Pero debido a nuestra naturaleza pecaminosa no podemos hacerlo perfectamente. No creer a la Biblia es menospreciar la Palabra de Dios y es un pecado por el cual merecemos toda la ira de Dios, el infierno eterno. Gracias a Dios, Jesucristo vino como sustituto nuestro para apreciar la palabra perfectamente en lugar nuestro y sufrió toda la ira de Dios que nosotros merecemos en la cruz. En gratitud por su bondad vamos a querer reconocer su Palabra como santa al oírla y aprenderla de buena voluntad.

Oración:

Señor, aunque no lo merezco, me redimiste para ser parte de tu santo sacerdocio. En gratitud te pido: Concédeme la sabiduría para comprender tu palabra, la diligencia para ponerla por obra, y la convicción para compartirla con mi prójimo todo el tiempo que me resta de vida. Te suplico que por medio de tu evangelio en palabra y sacramento me fortalezcas y guardes en la verdadera fe para la vida eterna. Amén.

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