¿QUIÉN ES EL MUERTO?

Entonces Jesús le dijo . . . “El que cree en mí vivirá, aunque muera.” Juan 11:25

Marta estaba llorando; la tumba encerraba el cuerpo en descomposición de su amado hermano. Como verdadero hombre, Jesús se unió a esas lágrimas, porque Lázaro había sido también su amigo amado. ¿Por qué fue Lázaro tan cercano a Jesús?

¿Fue porque le abrió a Jesús su casa en Betania, en sus viajes? ¿Porque ambos tenían muchas cosas en común? ¿Porque se había establecido entre ellos una estrecha amistad durante un largo tiempo? Jesús señaló mucho más que eso con las palabras que pronunció: “El que cree en mi”. Por la gracia de Dios y por la obra del Espíritu, Lázaro creyó en Jesús. Lo veía como el Salvador que había de venir; en verdad, como su Salvador personal. Por medio de la fe que Dios le dio, Lázaro no era solo un amigo de Jesús sino un hermano en la familia celestial de Dios.

Jesús dijo, de su amigo creyente: “El que cree en mí vivirá, aunque muera.” Esa es una promesa muy consoladora. Con ella, Jesús le estaba diciendo a Marta: “Sí, tu hermano, mi amigo Lázaro, está muerto. Así es, si por ese término quieres decir que su alma ha dejado su cuerpo. Y sin embargo está vivo. Su alma vive en el cielo con nuestro Padre. Y su cuerpo también será levantado un día de la tumba y será reunido con su alma por la eternidad en el cielo. Así les sucederá a todos los que creen en mí como la resurrección y la vida.”

Cuando lloro ante el ataúd de mis seres queridos, ese es el mensaje que necesito escuchar. Mejor que desear que mis seres queridos vuelvan a este valle de lágrimas es estar seguro de que están viviendo con el Señor.

Oración:

Salvador resucitado, seca mis lágrimas con tu sermón que dice que los que mueren en la fe en ti siguen viviendo. Amén.