ENTENDIENDO LA CRUZ

«Recorre la ciudad, Jerusalén, y marca una cruz en la frente de los hombres que gimen y lloran por todas las abominaciones que se cometen en ella.»

– Ezequiel 9:4, Biblia de Jerusalén Latinoamericana

Entender las visiones de los profetas de la Biblia requiere examinar con cuidado si lo que escribieron es literal o metafórico. En ese pasaje la gloria del Dios de Israel llega al umbral del templo para dar unas órdenes. Un hombre vestido de lino con el tintero a la cintura debía marcar a los creyentes que se lamentaban por causa de la idolatría que se practicaba en Jerusalén. Según la versión Biblia Textual, y otras más, la marca era una cruz. El texto hebreo original dice que marque una «taw». La Biblia de Estudio Reina Valera 1995 señala: «Como la taw, en la antigua escritura hebrea, tenía forma de cruz, muchos cristianos han visto en esta señal una referencia profética a la cruz de Cristo.» ¿Qué significa la cruz para los cristianos?

Así como para el pueblo de Israel las marcas de sangre en columnas y dinteles de las puertas significaban que Dios les salvó de la esclavitud en Egipto, del mismo modo Jesucristo crucificado, para nosotros, es señal de salvación. Jesucristo en la cruz nos dice que él no vino como el soberano rey que establecería su trono en Jerusalén para reinar políticamente el planeta entero como los judíos esperaban. Jesús como Cordero de Dios que quita el pecado del mundo al morir en la cruz nos dice primero que nosotros no somos más pecadores condenados al castigo eterno en el infierno. Nos dice que Jesús es el Cordero sin mancha, y eso significa que él vivió una vida humana justa y perfecta en obediencia plena a la voluntad de Dios, y que lo hizo en lugar de nosotros. También nos dice que el Cordero inmolado cargó en la cruz con todo nuestro pecado y allí sufrió la eterna ira de Dios para pagar por nuestros pecados en lugar de nosotros.

Cristo en la cruz es el amor de Dios en acción a favor de nosotros que no merecemos ser salvados. Ese amor nos es presentado por la iglesia cada vez que el evangelio es predicado. De igual modo el amor de Dios desde la cruz nos es presentado en el evangelio visible en los sacramentos del bautismo y de la Cena del Señor. Cada vez que tomamos la Cena del Señor, al hacer memoria de él y su obra redentora, se nos anuncia que Cristo hizo todo lo necesario para nuestra salvación, que él entregó su cuerpo por nosotros y derramó su sangre para el perdón de nuestros pecados. Este es el mismo mensaje que nos comunica el bautismo, el signo y sello con el cual Dios nos dice: «No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú» (Isaías 43:1).

Oración:

Señor, te doy gracias porque en la cruz entregaste tu santa vida de obediencia perfecta en lugar mío como pago por mi rescate; y allí recibiste, por mí, el castigo eterno que yo merezco. Sin yo merecerlo me das el don de la fe a través de los medios de gracia. Te suplico que me fortalezcas y guardes en la verdadera fe para la vida eterna. Amén.