RECONSTRUCCIÓN DE LA MURALLA

Así que, desde el amanecer hasta que aparecían las estrellas, mientras trabajábamos en la obra, la mitad de la gente montaba guardia lanza en mano.

— Nehemías 4:21

Dios escuchó la oración de Nehemías y, por eso, la ciudad de Jerusalén y el santuario comenzaron a ser reconstruidos. Pero la tarea no era fácil. Una conspiración enemiga surgió para oponerse a la difícil labor de restauración. En lugar de desanimarse, el pueblo afrontó el desafío con valentía y Nehemías organizó los equipos de trabajo de modo que los obreros sean aptos como constructores y como guerreros a la misma vez. Sin embargo, no confiaron el resultado a sus propias habilidades naturales. Entrando en la dimensión espiritual, en oración, encomendaron sus esfuerzos en manos de Dios suplicando su auxilio oportuno.

Esas dos medidas se complementan, no se contradicen. Emplear todos los medios que Dios ha puesto a nuestra disposición no es falta de confianza en él. Dios quiere que oremos por la persona enferma, pero también que usemos la medicina y los otros medios naturales que él ha provisto. Así, oraremos por la expansión del evangelio, pero también saldremos y compartiremos gustosamente el evangelio con los demás. El lema medieval, «ora et labora», surge de este enfoque y resultó ser una sabia manera de obrar. Dios quiere que oremos en adoración pidiendo las cosas que él ya ha asegurado que le complace darnos.

Pero, aunque pongamos nuestro mejor esfuerzo en hacer las cosas así, debido a nuestra naturaleza pecadora no podemos hacerlas con la perfección que Dios exige. Y, a causa de eso merecemos toda la ira de Dios. Sólo los méritos de la doble sustitución que Jesucristo obró a favor nuestro nos colocan en una buena relación con Dios. En gratitud a la doble sustitución que Jesucristo obró por nosotros, vamos a querer vivir en un continuo y valiente «ora et labora» (ora y trabaja) «Soli gloria Deo» (Solo para la gloria de Dios).

Oración:

Señor Jesucristo, que con firme resolución y con valiente paso seguro te encaminaste rumbo a la cruz para padecer la ira de Dios en lugar de mí, tú, que obedeciste perfectamente la voluntad divina y victoriosamente venciste toda tentación, en sustitución de mí; conoces cuán frágil soy. En gratitud a tu gran amor quiero servirte, y por eso te suplico, concédeme que oportuna y valerosamente pueda yo comunicar las buenas noticias de salvación. Amén.

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