AYUDA PARA USAR EL PODER DE LAS LLAVES

Dijo Jesús a sus discípulos: […] Si tu hermano peca, repréndelo; y si se arrepiente, perdónalo. Aun si peca contra ti siete veces en un día, y siete veces regresa a decirte “Me arrepiento”, perdónalo.

– Lucas 17:1, 3-4

Dios quiere otorgarnos su perdón y por eso asignó a la iglesia el uso de las llaves. Usualmente la iglesia nombra a un cristiano o grupo pequeño de cristianos para que lo haga en nombre de toda la congregación. Sin embargo, las más de las veces nos ha de tocar a nosotros la responsabilidad de amonestar al que ha pecado y si hay arrepentimiento anunciar el perdón. Jesús dio claras instrucciones al respecto, una de ellas protege el buen nombre de nuestro prójimo pues manda que lo amonestemos a solas: «Si uno de mis seguidores te hace algo malo, habla con él a solas para que reconozca su falta. Si te hace caso, lo habrás ganado de nuevo» (Mateo 18:16 TLA).

El apóstol Pablo instruye que lo hagamos humildemente, reconociendo primero que también nosotros somos pecadores: «Hermanos, si ven que alguien ha caído en algún pecado, ustedes que son espirituales deben ayudarlo a corregirse. Pero háganlo amablemente; y que cada cual tenga mucho cuidado, no suceda que él también sea puesto a prueba» (Gálatas 6:1 TLA). ¿Cómo podemos ayudar a nuestro hermano para que confiese su pecado? Necesitamos usar textos claros de la Biblia para mostrarle que su pecado ofende a Dios y le condena al infierno. Eso significa hacer uso de la ley como espejo y martillo. Cuando él muestra contrición vamos a querer anunciarle el perdón.

Martín Lutero en el Catecismo Menor escribió una ayuda para facilitar la administración del perdón, allí él explica que «La confesión comprende dos partes: la primera es la confesión de nuestros pecados; y la segunda, el recibir la absolución o perdón». Anunciamos el perdón únicamente si la persona amonestada reconoce lo malo de su pecado y expresa dolor por ello. Para hacerlo le explicaremos que Jesucristo fue su doble sustituto al obedecer en lugar suyo y sufrir el castigo eterno en sustitución de él.

Puesto que el Señor mandó que los creyentes administraran el bautismo para perdón de pecados es apropiado traerlo a la memoria al dar la absolución al creyente arrepentido diciéndole: «Según el mandato de nuestro Señor Jesucristo, te anuncio el perdón de tus pecados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.»

Oración:

Señor, perdónanos el mal que hemos hecho, así como nosotros hemos perdonado a los que nos han hecho mal. Amén. (Mateo 6:12 DHH)