“El nacimiento de Jesucristo fue así: María, la madre de Jesús, estaba comprometida con José, pero antes de unirse como esposos se encontró que ella había concebido del Espíritu Santo. José, su marido, era un hombre justo y quiso dejarla secretamente, pues no quería denigrarla. Mientras José reflexionaba al respecto, un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: ‘José, hijo de David, no temas recibir a María, tu mujer, porque su hijo ha sido concebido por el Espíritu Santo” (Mateo 1:18-20).

VIENE EL SALVADOR PROMETIDO 

María iba a tener un hijo, aunque José todavía no la había tomado como esposa. Siendo José un hombre justo y sin saber todavía la intervención milagrosa de Dios en la vida de María y en la de él, planeó romper su compromiso. Pero Dios no permitió que sucediera. Jesús nacería en un matrimonio legal, y José, descendiente del rey David, sería reconocido legalmente como el padre de Jesús. A ninguna virgen, excepto a María, se le ha dicho jamás: “Vas a quedar encinta, y darás a luz un hijo” (Lucas 1:31).

El profeta Isaías había profetizado este milagro: el Salvador prometido, el Hijo de Dios, nacería de una virgen. Y así Jesús entró en la historia como el Hijo de una madre que “había concebido del Espíritu Santo”. Su nacimiento llegó como el cumplimiento de la profecía y la promesa de Dios.

¿Cómo sucedió esto? Solo por el poder del Altísimo, el Creador de los cielos y la tierra; solo por obra del Espíritu Santo, para quien “no hay nada imposible” (Lucas 1:37). Esta fue la revelación que se le concedió a José en un sueño, en el cual el ángel del Señor se le apareció y le dijo: “José, hijo de David, no temas recibir a María, tu mujer, porque su hijo ha sido concebido por el Espíritu Santo”.

Dios mismo suspendió su ley natural. A pesar de que este niño era un ser humano verdadero, nacido de una mujer, era diferente de todos los demás niños. El Creador parece estar diciendo. “Mira, mundo, aquí está un niño muy especial, nacido de una forma muy especial que va a realizar un obra especial. Este es mi Hijo, concebido del Espíritu Santo, nacido de la virgen María. Él es tu Salvador; tu Señor. Acéptalo con fe; adóralo; obedécelo”.

Oración:

Durante la época navideña, Padre celestial, concédenos la fe humilde de tus siervos: María y José. Ayúdanos a aceptar tu maravillosa revelación de nuestro Señor y Salvador; ayúdanos a creer en él y a seguirlo. Amén.