UN PROVERBIO EQUIVOCADO

EL SEÑOR me dirigió la palabra: «¿A qué viene tanta repetición de este proverbio tan conocido en Israel: “Los padres comieron uvas agrias, y a los hijos se les destemplaron los dientes?”»

—Ezequiel 18:1-2

Por causa de nuestra naturaleza pecaminosa todos tenemos la tendencia a culpar a otros de nuestros problemas. Por orden de Dios Ezequiel anunció a Jerusalén que se le castigaría por el cúmulo de pecados de la nación. La reacción del pueblo fue quejarse argumentando que eran castigados por causa de los pecados de otros. Uno de los mejores candidatos para ser considerado culpable de ese castigo era el rey Manasés, notorio por sus «abominaciones» (2 Reyes 21:10–15). El pueblo acusó a Dios de que era injusto. Detrás de la queja de ellos estaba la idea de que ellos mismos no eran tan culpables como sus padres lo habían sido y no merecían lo que estaba a punto de suceder. Con el proverbio citado en la meditación de hoy ellos querían decir: «Nuestros padres pecaron y los hijos tenemos que sufrir las consecuencias.»

Pero Dios no está de acuerdo con tal argumento. Él creó a todos y establece una relación directa con cada individuo. Dios quiere que cada uno responda a su amor con vida de amor. Cada quien es responsable ante el Señor por su forma de vivir. Él Señor castiga al pecador por sus propios pecados. No castiga a nadie por el pecado de otro. No culpa a los descendientes por el pecado de sus antepasados, ni los castiga por ello. Por otra parte la justicia de los antepasados tampoco se atribuye a sus descendientes (versículos 10-13) Pero ¿Acaso no dice la Biblia que Dios castiga hasta la tercera y cuarta generación el pecado de los padres? La Nueva Versión Internacional traduce Deuteronomio 5:9 así: «Cuando los padres son malvados y me odian, yo castigo a sus hijos hasta la tercera y cuarta generación.». En el texto hebreo original la palabra traducida aquí «castigo» literalmente significa «visito», y según el contexto puede referirse a una visita para ejercer misericordia o a una para castigar. El contexto define cuál es su uso en cada pasaje. El contexto de Deuteronomio muestra que es un error traducir «castigo» aquí, pues está escrito: «Nadie debe ser castigado por un crimen que no haya cometido. Ni los padres deben morir por los crímenes de sus hijos, ni los hijos deben morir por los crímenes de sus padres.» (Deuteronomio 24:16, TLA cf. 2 Reyes 14:6).

Sin embargo hay alguien que sí fue castigado por los pecados de otros: Jesucristo, el cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Él voluntariamente sufrió toda la ira de Dios que nosotros merecíamos, lo hizo para salvarnos.

Oración:

Señor, nunca permitas que olvide que en la cruz cargaste mis pecados y me regalaste tu justicia.  Amén

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