“Me infunde nuevas fuerzas y me guía por el camino correcto, para hacer honor a su nombre” (Salmo 23:3)

EL SEÑOR, MI GUÍA

Las ovejas no siempre son animales tan dóciles y obedientes como parecen ser. A veces una o varias se distraerán con algo que las detiene por el camino. Algunas se cansan y quieren descansar allí mismo. Otras tratan de dejar el rebaño para seguir su propio camino. El pastor empuja con cuidado a las rezagadas y llama con cariño a las extraviadas, para que regresen al rebaño y juntas puedan llegar a los verdes pastos a donde las ha guiado para que los disfruten.

Así también nuestro Pastor nos trata a nosotros. Algunas veces nos cansamos de todas las tareas y sufrimientos de la vida y queremos detenernos. Nuestro espíritu flaquea y con frecuencia necesita ser reanimado. A veces, preocupados por el conocimiento de nuestro pecado, nuestra fe se desvanece y estamos listos para abandonar todo. Entonces, otra vez, decidimos ir por nuestros propios caminos y escogemos senderos que pensamos nos darán mayor placer. Nos damos cuenta demasiado tarde de que esos senderos eran simples espejismos, que esos atractivos senderos nos llevaron a la maldad y que nos distanciamos tanto del rebaño como del Pastor.

Entonces es cuando aprendemos realmente a apreciar la manera gentil con la cual nuestro Pastor nos trata. Nos infunde nuevas fuerzas. Da vitalidad a nuestra nueva vida. Revive nuestra fe tan débil. Reanima nuestro ánimo con la promesa segura de su palabra. Nos regresa, llamándonos con la dulce voz del evangelio.

Tal y como era el antiguo pastor israelita, nuestro Buen Pastor es paciente con nosotros. No nos conduce por la parte posterior con palabras cargadas de enojo ni nos golpea con crueldad. Está al frente, nos guía y nos llama con esa voz que conocemos tan bien y en la cual confiamos, escoge el camino por el que debemos ir. Los caminos son rectos y planos, donde hay poco peligro de que caigamos. Nos recuerda que él conoce mejor nuestro destino y escogerá los mejores caminos, los senderos de la justicia, para llevarnos allí.

Aunque los caminos por los que nos conduce a veces parezcan difíciles y no siempre comprendamos su elección, cuando lo tomamos a él de la mano encontramos nuevas fuerzas para seguir en la vida haciendo su voluntad.

“El Señor es mi pastor”, no necesito y no quiero otro guía.

Oración:

Buen Pastor, condúceme bondadosa y pacientemente para que pueda llevar una vida que te agrade y llegue al destino que tú has preparado para mí. Amén.

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