“En cambio, el que fija la mirada en la ley perfecta, que es la ley de la libertad, y no se aparta de ella ni se contenta sólo con oírla y olvidarla, sino que la practica, será dichoso en todo lo que haga” (Santiago 1:25)

LA LEY PERFECTA DE LA LIBERTAD

Cuando Dios nos dice que obedezcamos su palabra, no es con la intención de hacernos esclavos, sino hacernos miembros de su familia. Quiere bendecirnos y llevar sus bendiciones a otros por medio de nosotros. Quiere que todos estemos con él finalmente en el cielo. Por eso, nos revela su voluntad en las Santas Escrituras. Debemos prestar más atención a la palabra de Dios que la persona que solo echa una mirada rápida en un espejo, se va y olvida lo que vio.

Debemos fijar la mirada cuidadosamente en “la ley perfecta, que es la ley de la libertad”, y ajustar nuestra vida conforme a ella. “La ley perfecta, que es la ley de la libertad”, es el evangelio de Cristo, el cual nos ofrece y nos da verdadera libertad. Los que describen la Biblia como un libro inútil, lleno de leyes y restricciones anticuadas, solo describen su propia ignorancia. No han estudiado para nada “la ley perfecta, que es la ley de la libertad”. La Sagrada Escritura no fue dada para esclavizar a las personas libres, sino para dar libertad a los esclavos, porque todos nosotros por naturaleza y de nacimiento estábamos sometidos al pecado y a Satanás.

Entonces, debemos mirar bien todo el mensaje de la Sagrada Escritura. Debemos comprender que hay dos doctrinas básicas en la Biblia: la ley y el evangelio. Ambas doctrinas requieren una gran atención de nuestra parte.

Primero debemos vernos en el espejo de la ley de Dios tal y como somos realmente. ¿Y qué vemos? Absoluta pecaminosidad e indignidad. Vemos que desobedecemos a diario sus mandamientos en pensamiento, palabra y obra. Vemos que somos pecadores y nos enteramos de que “la paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23).

Pero el evangelio de Cristo revela que Jesús tomó nuestro lugar, sufrió nuestro castigo, murió para expiar todos nuestros pecados y resucitó para que podamos vivir con él en la eternidad. El evangelio no solo nos dice tener fe en Jesús sino que también nos trae al Espíritu Santo, quien obra la fe salvadora en nuestro corazón.

Ahora que creemos en Cristo, queremos hacer su voluntad. Podemos experimentar el placer de hacer lo que agrada a nuestro Padre celestial. Somos llevados a examinar aún más sinceramente “la ley perfecta, que es la ley de la libertad” y vivir por ella.

Oración:

Gracias, querido Señor, por tu sagrada palabra. Bendícenos mientras seguimos mirando tu “ley perfecta, que es la ley de la libertad” para que podamos ser tus discípulos y sigamos siendo tus discípulos. Amén.

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