(Lectura de la Biblia en tres años: Jueces 20:22–48, Lucas 14:7–14)

EL ORDEN JERÁRQUICO SEGÚN JESUCRISTO

Jesús los llamó y les dijo:
—Como ustedes saben, los gobernantes de las naciones oprimen a los súbditos, y los altos oficiales abusan de su autoridad. Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que quiera hacerse grande entre ustedes deberá ser su servidor

—Mateo 20:25–26

¿Ha preparado usted los alimentos que consumirá hoy día? Muchos de nosotros desayunaremos, almorzaremos y cenaremos en casa. Pero otros lo haremos fuera. En la mayoría de los casos alguien será la persona que preparará y servirá esos alimentos. Aunque todo esto es verdad respecto a nuestra alimentación, también se aplica muy bien a otras áreas de nuestras vidas: alguien sirve y alguien es servido. ¿Quién es el superior? Rápidamente podríamos responder que lo es el que es servido. Según Jesucristo no es así. ¿Por qué?

Nacemos totalmente desvalidos e inútiles. Sin el cuidado de nuestros progenitores podríamos perecer muy pronto. Necesitamos ser servidos. Nuestros padres nos auxilian con mucho gusto y procuran, que a su debido tiempo nos valgamos por nosotros mismos. Ese servicio vital que nos brindan no se debe a que ellos sean los inferiores y nosotros los superiores. Lo hacen precisamente por ser superiores a nosotros. La vida de servicio es uno de los más grandes valores de la ética cristiana. Como lo reza el dicho: «Si no sirves para servir, ¿de qué sirves?».

Dios es el principal y mayor servidor en todo el universo. Todo lo que ha creado tiene un propósito de servicio. Él, bondadosamente ha provisto ingentes cantidades de los elementos vitales para la existencia, tales como el aire, el calor, la luz, el agua, etc., gratuita e incondicionalmente (Mateo 5:45). Jesucristo resaltó esto cuando señaló: «Porque ni aun el Hijo del hombre vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos.» (Marcos 10:45). El servicio abnegado es fruto del amor verdadero. Sí, Dios quiere le sirvamos y que nos sirvamos unos a otros movidos por el amor. Pero por causa de nuestra naturaleza pecaminosa preferimos ser servidos antes que servir, y muchas veces servimos porque no tenemos otra alternativa. Aun cuando sirvamos con gusto o lo hacemos perfectamente como Dios lo exige. Por eso merecemos toda la ira de Dios. Jesucristo, como nuestro sustituto sirvió por amor y perfectamente en lugar de nosotros y sufrió el castigo que merecíamos. En gratitud vamos a querer servir gustosamente antes que ser servidos.

Oración:
Oh, maestro, concédeme que yo no busque tanto ser consolado, como consolar; Ser comprendido, como comprender; Ser amado, como amar. Porque, sólo por tus méritos es que: Dando, recibimos; perdonando, somos perdonados; y muriendo, somos resucitados a la Vida Eterna. Amén.
(Adaptado de «Oración sencilla», Revista «La Clochette» 1912. Autor anónimo).

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