“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en Cristo nos ha bendecido con toda bendición espiritual en los lugares celestiales… También ustedes… luego de haber creído en él, fueron sellados con el Espíritu Santo de la promesa” (Efesios 1:3,13)

BENDIGA AL DIOS TRINO, LA FUENTE DE TODA BENDICIÓN 

La iglesia necesita un día como el Domingo de la Santísima Trinidad. Durante la primera mitad del año eclesiástico, la mitad festiva, nuestros corazones y nuestras mentes se dan un festín de las grandes obras de Dios en nuestro beneficio. Entonces viene el Domingo de la Santísima Trinidad. Esto ofrece a los cristianos un buen momento para detenerse y hacerse un par de preguntas. ¿Quién es exactamente este Dios que da bendiciones? ¿Y cuáles son las bendiciones que da?

Los primeros versículos de la Carta de Pablo a los Efesios nos presentan a Dios como lo hacen muchas otras secciones de la Escritura. Nos lo presentan como Padre, Hijo y Espíritu Santo. Nuestro Dios es un Dios, aunque tres personas distintas. Dios es nuestro Dios que nos da vida en primer lugar, y es el Padre de todos los que creen en Cristo. El Señor Jesucristo es nuestro Redentor. El Espíritu Santo sella en nosotros la garantía de nuestra salvación en Cristo.

Aquí tenemos un misterio que desafía la comprensión de nuestra mente limitada. Para definir al Dios verdadero, la iglesia ha usado, desde el tercer siglo, la palabra Trinidad: “un Dios en res personas distintas”. Me pregunto si querríamos realmente que la revelación del ser de Dios fuera más comprensible para nosotros de lo que es. Si Dios fuera alguien a quien yo pudiera comprender con mi mente finita, él no sería más grande que mi mente y tampoco sería más capaz de lo que mi mente puede hacer. Si Dios no fuera más grande que mi mente, él no podría dar más paz a mi conciencia ni más consuelo y gozo a mi corazón de lo que puedo dar yo a mi ser empobrecido espiritualmente.

Podríamos absorber más fácilmente con la mente todo el conocimiento que esté al alcance en el universo que comprender el ser de Dios. El hecho de que el ser de Dios está muy, pero muy por encima de nuestra capacidad de comprender nos dice que Dios puede hacer por nosotros lo que dice que puede hacer. La confianza que el Espíritu Santo nos da jamás se tornará en desilusión, porque las bendiciones que tenemos en Cristo Jesús son los dones de un Dios omnipotente y misericordioso.

Ahora bien, hay otra voz que quiere que la escuchen: “Dentro de sí dicen los necios: ‘Dios no existe” (Salmo 14:1). Pero las múltiples bendiciones de Dios en Cristo son tan evidentes en nuestra vida que esa otra voz se ahoga. Y permanece el suave susurro del Dios trino: Quédense quietos, reconozcan que yo soy Dios.

Oración:

Dios santo y misericordioso, por medio de tu palabra y tus bendiciones, haz que nuestra fe en ti sea siempre más firme. Amén.

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