(Lectura de la Biblia en tres años: 2 Samuel 15:16–37, Lucas 24:20–28)

EL DOMINIO DE CRISTO

Dios sometió todas las cosas al dominio de Cristo, y lo dio como cabeza de todo a la iglesia.

—Efesios 1:22

Después de su resurrección Jesucristo dijo a sus discípulos que le había sido dado todo poder en el cielo y en la tierra (Mateo 28:18–20). Por tanto, ellos debían ir por todo el mundo y hacer discípulos bautizándoles en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo y enseñándoles todo lo que él había mandado. Con estas palabras, es claro que Jesús nos dice que él, como el Cristo resucitado, es todopoderoso y que bajo su dominio están los cielos y la tierra. En el texto de la meditación de hoy, el apóstol Pablo nos dice que «Dios sometió todas las cosas al dominio de Cristo, y lo dio como cabeza de todo a la iglesia.» ¿Qué significa esto?

Cuando Jesucristo fue crucificado sobre su cabeza fue puesta una inscripción que señalaba cuál era el delito por el cuál fue fijado al madero: «Pilato mandó que se pusiera sobre la cruz un letrero en el que estuviera escrito: «Jesús de Nazaret, Rey de los judíos.» (Juan 19:19). Pilato mandó colocar esa inscripción pues esa para que quedara muy claro que Jesús es el rey de los judíos y que fue crucificado por la insistencia de ellos en hacerlo. La única corona que tuvo Jesús fue su corona de espinas y el único trono donde estuvo como rey fue la cruz. Como sacerdote ungido suplicó al Padre que perdone los pecados de sus verdugos. Como rey y Señor sus únicas dos sentencias fueron: «Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso», las palabras que dijo al criminal que le rogó se acuerde de él en su reino; y las palabras dirigidas a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.» y a Juan: «Ahí tienes a tu madre.» con las cuales encomendó a Juan el cuidado de María. Juan, en el Apocalipsis, ve que quién gobierna la creación es Cristo como el cordero inmolado, tal como en la cruz. Sí Cristo es el gobernante, el rey de todo el universo que impera como el Cordero de Dios. Cristo gobierna desde la cruz. Su gobierno se caracteriza por la misericordia y el cuidado bondadoso y no por el sometimiento forzado. Cristo es la cabeza de todo, pero su gobierno obra a favor de la iglesia y su misión. El principio que rige su gobierno es el llevar la salvación, que él ganó con sus propios méritos y derramando su preciosa sangre, hasta el último rincón del planeta. En gratitud vamos a querer unirnos a su propósito.

Oración:

Señor, ante tu majestad me inclino y confieso: «¡Digno es el Cordero, que ha sido sacrificado, de recibir el poder, la riqueza y la sabiduría, la fortaleza y la honra, la gloria y la alabanza! Solo para ti es la gloria de la salvación, porque fuiste sacrificado, y con tu sangre compraste para Dios gente de toda raza, lengua, pueblo y nación. De ellos hiciste un reino; los hiciste sacerdotes al servicio de nuestro Dios, y reinarán sobre la tierra.». Amén.

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