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“Y a grandes voces gritaban: ‘La salvación proviene de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero” (Apocalipsis 7:10).

Contemple la multitud vestida de ropas blancas — escuche su cántico

Mientras Juan contemplaba esta multitud vestida de ropas blancas, notó que la multitud era demasiado grande para ser contada. Los miembros de la multitud venían de todas las naciones bajo el cielo, y unieron sus voces para cantar un poderoso cántico de salvación.

La salvación debe tener la prioridad absoluta en nuestra vida. No deje de considerarla simplemente porque no puede verla o sostenerla en sus manos. No tiene que ver con esta corta vida terrenal, sino con nuestro destino eterno. En esta vida, hay siempre esperanza y oportunidad para cambiar y mejorar, pero en la eternidad habrá felicidad sin fin o habrá tormento eterno. Nada es más urgente o importante que la salvación. Ahora es el día de la salvación.

Entonces escuche este cántico de salvación. Lo canta una gran multitud de personas que saben por experiencia lo que están cantando. Nos dicen: “La salvación proviene de nuestro Dios”. Él es el autor y la fuente de la salvación. No hay salvación, excepto por medio de la fe en el Hijo de Dios, Jesucristo, que expió los pecados del mundo. La mayoría de las personas espera que tendrá una oportunidad para salvarse. Si pregunta a las personas por qué, pueden contestar: “Pues, soy tan bueno como los demás, y eso debe ser suficientemente bueno para Dios”. Hay muchas variaciones, pero el tema es el mismo: “De alguna manera, espero hacer cosas que sean lo suficientemente buenas para salvarme. A mí me pertenece la salvación”.

Pero la palabra de Dios dice que todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios. Todos necesitan saber que “la salvación proviene de nuestro Dios”. Nuestra salvación es obra de Dios de principio a fin. Él la planeó en la eternidad, y la consumó en el tiempo. El Hijo de Dios, el Cordero, pagó el precio de nuestra salvación cuando dio su vida en la cruz. Dios el Espíritu Santo creó la fe en nuestro corazón, a fin de que conozcamos y confiemos en Jesús para el perdón completo y la salvación eterna. Jesús ha regresado al cielo a preparar un lugar para nosotros, y nos llevará allí a su debido tiempo. Recuerde que el Dios de nuestra salvación “está sentado en el trono”. Gobierna este mundo para el bien de sus creyentes. Ningún enemigo puede separarnos de su amor ni privarnos de nuestra salvación.

Oración:

Te agradecemos, Padre celestial, que hayas hecho todo lo necesario para redimirnos del pecado, de la muerte y del infierno, y nos hayas dado bondadosamente el don de la salvación por medio de la fe en Cristo Jesús. Amén.

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