UNA VOZ CLAMA EN EL DESIERTO

Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios. Todo valle sea alzado, y bájese todo monte y collado; y lo torcido se enderece, y lo áspero se allane. Y se manifestará la gloria de Jehová, y toda carne juntamente la verá; porque la boca de Jehová ha hablado.

—Isaías 40:3-5, Reina Valera 1960

¿Sabe usted cuántos libros canónicos tiene la Biblia? Los libros canónicos de la Biblia son 66. La primera parte, llamada Antiguo Testamento, consta de 39 libros escritos originalmente en idioma hebreo (con pocas porciones en arameo). La segunda parte, el Nuevo Testamento, tiene 27 libros que fueron escritos en griego. Es interesante que el libro de Isaías consta de 66 capítulos y que el capítulo 40 comienza con el mismo mensaje que comienza el Nuevo Testamento. ¿Cuál es este mensaje?

Ayer meditamos en el primer versículo de este capítulo, y aprendimos que Dios quería que el consuelo que Él da sea comunicado mediante la voz, una «voz que clama». Dios no usa la telepatía ni la iluminación interior para comunicar sus pensamientos al hombre. Dios usa su palabra predicada. Ninguna persona conoce el evangelio de Dios mediante intuición o meditación, sólo se aprende del amor de Dios cuando los mensajeros predican el evangelio. Dios no ha prometido que va a obrar de alguna otra forma.

Setecientos años después de que Isaías escribiese las palabras que hoy meditamos, apareció Juan el Bautista. Los evangelistas, Mateo, Marcos y Lucas, nos dicen que vino predicando. Los tres citan este pasaje que identifican a Juan el Bautista como la voz del que clama. Juan preparó el camino a Jehová. ¿A quién preparó Juan el camino? Preparó el camino a Jesucristo. Según Isaías Jesucristo es Jehová. Sí, Jesucristo es Jehová, el Hijo, hecho carne. Pero Juan no solo preparó el camino a Cristo. También consoló al pueblo cumpliendo la profecía y el mandato que Dios da por medio de Isaías. ¿Cómo lo hizo? La Biblia dice que Juan bautizaba a los pecadores que estaban aterrorizados de saber las consecuencias de su pecado. Juan no presentaba el bautismo como un requisito con el cual ganar la salvación. El bautizaba a la gente consolándolos con la buena noticia del perdón de los pecados (Marcos 1:4-8). El bautismo no es otra cosa que la buena noticia visible. Así como el agua limpia el cuerpo, el evangelio limpia el alma (Tito 3:5; Juan 15:3).

Oración:

Señor, con las palabras de tu ley moral golpeas mi conciencia. Así me muestras cuán pecador y merecedor soy de tu ira. Pero no me abandonas aterrorizado. Envías a tus siervos a consolarme con las buenas noticias del perdón ganado por Cristo. En gratitud quiero ser uno de tus mensajeros que anuncian la salvación que Cristo ganó por nosotros con los méritos de la doble sustitución. Amén.

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