CONFIEMOS EN DIOS 

 Mejor es confiar en Jehová 

que confiar en el hombre. 

 — Salmos 118:8, Reina-Valera 1995 

¿Sabe usted cuántos capítulos tiene la Biblia? Para ser cristiano genuino y un útil siervo del Señor esa información no es indispensable. Sin embargo no está mal conocer el dato. La más conocida traducción de la biblia al español es la versión Reina Valera, y tiene 31.102 versículos en 1.189 capítulos. El salmo 118 está exactamente en el centro de ellos. Los israelitas tenían la costumbre de cantarlo en la fiesta de la Pascua, por lo que es probable que fue el último que nuestro Señor Jesucristo haya cantado junto a sus discípulos la noche que instituyó la Cena del Señor (Mateo 26:26-30.).  

 

El Salmo 118 fue el favorito del Reformador Martín Lutero, que en referencia al mismo dijo: «Aunque todo el Salterio y todas las Santas Escrituras me son muy apreciadas, como la única consolación de mi vida, este salmo ha sido de utilidad especial para mí.». Tenía razón, pues este Salmo contiene palabras de gran consuelo. Pero el texto que meditamos hoy se centra en aquel que es la fuente de todo consuelo: el Dios revelado en la Biblia.  

 

El salmista afirma que mejor es confiar en Dios que en el hombre. Pero el asunto va más allá de una elección personal pues Dios es quien exige que confiemos en él por encima de cualquier otro (Jeremías 17:5-7). Es evidente que ninguno de nosotros es totalmente confiable. Nuestra propia naturaleza humana, nos traiciona. El apóstol Pedro confiaba en sí mismo y en su capacidad no negar a Cristo. Pensó que él era más confiable que cualquiera otro, pero el momento de la verdad aprendió, por experiencia propia, que estaba equivocado (Mateo 26:33,35 cf. Juan 21:15-18). El confiar en cualquier cosa más que en Dios es un pecado contra el primer mandamiento por el que merecemos toda la ira de Dios. Este pecado se manifiesta cuando nuestra seguridad reposa en nuestros bienes materiales, o nuestras habilidades físicas o intelectuales (Salmo 62:10; Jeremías 17:5; Proverbios 3:5). Ninguno de nosotros puede confiar perfectamente en Dios sobre todas las cosas y por eso somos merecedores de toda la ira de Dios. Para salvarnos, Jesucristo confió perfectamente en Dios y recibió el castigo que merecemos en lugar de mostros. En gratitud vamos a querer temer, amar y confiar en Dios sobre todas las cosas. 

 

Oración:

Señor, tu Hijo Jesucristo, te obedeció en lugar mío y murió pagando por mis pecados. Por sus méritos, y en su nombre, te pido me bendigas y me concedas un corazón íntegro que te ame, tema, y confíe en ti sobre todas las cosas. Amén. 

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Meditaciones son presentadas por Publicaciones Multilingües-WELS y www.CristoPalabraDeVida.com.

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