“Me infunde nuevas fuerzas y me guía por el camino correcto, para hacer honor a su nombre” (Salmo 23:3).

BAJO LA GUÍA DEL PASTOR 

La mayoría de la gente no pensaría ir a una selva peligrosa o al desierto sin un guía. Sería insensato. Un guía es alguien que conoce el camino y puede conducirnos a nuestro destino de una manera que evita el peligro.

Sin embargo, ¿con cuánta frecuencia no tratamos de ir por la vida sin un guía? ¿Con cuánta frecuencia no tratamos de encontrar nosotros mismos el camino, siguiendo cualquier sendero que parezca el más agradable o el más fácil? Como ovejas perdidas, a menudo olvidamos que nuestro Pastor es un guía que conoce el camino. Algunas veces pensamos que el camino que él escoge es demasiado difícil. En vez de eso, seguimos nuestros propios deseos que parecen ser pastos más verdes. Solo para que nos demos cuenta demasiado tarde de que nos hemos metido en el peligro y estamos separados del rebaño y de la protección del Pastor. Nos encontramos con este problema cuando esperábamos encontrar paz y alegría en las cosas de este mundo.

El pecado ha estropeado nuestras almas y pervertido nuestro pensamiento. Pero el pecado ha hecho un daño mucho más grande. Ha roto la relación con Dios. La verdadera paz y alegría se pueden encontrar únicamente en Cristo, quien ha restablecido la relación que teníamos con él al morir en la cruz. Cristo es quien “me infunde nuevas fuerzas” por medio del evangelio. Entonces el Espíritu Santo nos edifica en el templo de Dios. Crea en nosotros corazones limpios. Renueva nuestra fe en sus promesas. Nos lleva otra vez a su rebaño. Nos permite que sigamos la guía de nuestro Buen Pastor.

Algunas veces la vida parece un camino peligroso, lleno de baches. No sabemos lo que nos espera más adelante. A veces nada más de pensar en eso nos produce escalofríos. Pero la promesa segura del salmista tranquiliza nuestros temores. Cristo es nuestro Buen Pastor. Conoce el camino que lleva al descanso eterno, y nos conducirá seguros a ese destino.

Eso no quiere decir que el camino siempre será fácil. Como muchos de los santos que nos han precedido, tal vez se nos pida sufrir injusticias en esta vida. Puede ser que algunas veces debamos llevar cargas pesadas mientras permanezcamos en esta tierra. Pero la meta está clara. Los caminos correctos conducen a nuestro verdadero hogar con el Buen Pastor. Este es su territorio, así que podemos confiar plenamente en que él conoce el camino. Por consiguiente, confesamos con otro salmista: “Tú me has tomado de la mano derecha, me has guiado para seguir tu consejo, y al final me recibirás en gloria” (Salmo 73:23,24).

Oración:

Buen Pastor, guíame todos los días de mi vida para que no me separe de ti. Guárdame y protégeme. Amén.