YO SOY DÉBIL, PERO ÉL ES FUERTE

Dios es nuestra. . . fortaleza. Salmo 46:1

A veces no me siento débil; flexiono mis músculos físicos y espirituales, como algún forzudo levantador de pesas, y pienso que puedo levantar cualquier carga. El mundo me seduce, para que me sienta de esa manera; a mirar lo que ya se ha logrado y a pensar que el límite es el cielo. La exploración de los mares, el vuelo hacia el espacio, la división del átomo ya están en el libro de la historia, como parte de lo que ha hecho el hombre. En el futuro yace hasta lo inimaginable, el hombre está seguro de que llegará muy lejos. Y ese falso optimismo del mundo es contagioso.

Pero, muy pronto mis músculos se vuelven flácidos; la enfermedad me pone contra las cuerdas, y tengo que tirar la toalla. Un ser amado tiene problemas que mis músculos no pueden levantar, y tengo que apartarme, frustrado. Los años pasan presurosos, la fuerza de que me jacto degenera en debilidad incapacitante. Y lo peor, si soy una persona pensante, me preocupo por el pecado, por esa pequeña palabra con las más grandes consecuencias. En el fondo, yo sé que no todo está bien entre Dios y yo. En el fondo, me doy cuenta de que cuando llegue mi fin, debo darle cuentas a él. Hablo sobre debilidad: esta es un área en la que no tengo ni músculos ni fortaleza, en absoluto.

“Ellos son débiles, pero él es fuerte”, dice un antiguo canto espiritual. Dios es la fortaleza de mi vida; él me ayuda a subir la montaña más empinada, a vadear el río más profundo, a cruzar el desierto más ancho de la vida. Dios es la roca de mi salvación; él ha cancelado la maldición del pecado, ha cerrado la puerta del infierno, abrió para siempre la puerta del cielo por medio del pago que hizo su Hijo tanto con sus 33 años de vida en perfecta obediencia a los mandamientos divinos como con su expiación, a favor nuestro, en la cruz del Calvario. En él encuentro la fuerza que necesito.

Oración:

Señor, te pido que me llenes de tu fortaleza; y especialmente que me concedas confiar en tu Hijo para mi salvación. Amén.