(Lectura de la Biblia en tres años: Levítico 13:37–59, Mateo 28:11–20)

MUCHO OJO CON LA GRAN COMISIÓN

Acercándose Jesús, les dijo: “Toda autoridad Me ha sido dada en el cielo y en la tierra. “Vayan, pues, y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado; y ¡recuerden! Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo.”

—Mateo 28:18–20, Nueva Biblia de los Hispanos (NBLH)

Hoy, a nivel mundial, el avance misionero es notable. Los informes de conversiones masivas son sorprendentes. También son admirables las grandes cantidades de miembros que forman mega iglesias: hay bastante predicación y enseñanza en muchos países y el número de bautizados es incrementado constantemente. ¿Cuántos de todos ellos son celosos de la sana doctrina?

Jesucristo resucitado afirma que él es todopoderoso y que con esa autoridad ordena a sus discípulos que vayan por todo el mundo con el propósito de hacer discípulos de Cristo y que los bauticen. Discipular y bautizar son cosas que los seguidores de Cristo hicieron a través de los siglos con bastante éxito. Pero la parte final de la gran comisión ha sido descuidada muchas veces. El Señor también mandó el enseñar a guardar todo lo que él ha mandado. La palabra griega traducida guardar significa «velar, vigilar, prestar mucha atención, poner mucho ojo; guardar o proteger del daño». En otras palabras, Jesús ordena que a los discípulos se les enseñe a proteger, a ser celosos con todo lo que él ha enseñado. Jesús enseño la Palabra de Dios y quiere que la tengamos en tan alto aprecio que no le añadamos nada ni quitemos de ella. Quiere que no prometamos lo que ella no promete, ni mandemos lo que no manda, ni prohibamos lo no prohíbe. Él manda que todos enseñemos la misma cosa ¿Lo hacemos?

Cualquier alteración a la enseñanza pura de Jesús es falsa doctrina y es un pecado contra Dios, su nombre y su Palabra. La Biblia manda no practicar compañerismo (no llamarle hermano, ni orar, ni adorar) con quién hace eso pues de lo contario participamos de ese pecado (2 Juan 10,11; Deuteronomio 12:32; Hechos 2:42; 2 Tesalonicenses 3:6) No tomar en cuenta la parte final de la gran comisión ayuda a que la levadura de la falsa doctrina leude toda la masa. La falsa doctrina puede debilitar e incluso matar la fe. Por este pecado somos merecedores de toda la ira de Dios. Gracias al Señor, Jesucristo honró perfectamente la Palabra en lugar nuestro y padeció la ira de Dios como sustituto nuestro. En gratitud vamos a querer guardar celosamente toda la doctrina bíblica.

Oración:
Haz, SEÑOR, que la luz de tu Palabra pura permanezca en nuestros hogares e iglesias. Afírmanos en la fe que nos otorgaste en el Santo Bautismo; de manera que podamos crecer en fe y en obediencia a tu voluntad siendo celosos en proteger la integridad de la doctrina una vez dada a los santos. Amén (cf. Judas 3)

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