(Lectura de la Biblia en tres años: Marcos 14:12–42)

DOMINGO DE PASCUA

El primer día de la semana, muy de mañana, las mujeres fueron al sepulcro, llevando las especias aromáticas que habían preparado. Encontraron que había sido quitada la piedra que cubría el sepulcro y, al entrar, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. Mientras se preguntaban qué habría pasado, se les presentaron dos hombres con ropas resplandecientes. Asustadas, se postraron sobre su rostro, pero ellos les dijeron:

—¿Por qué buscan ustedes entre los muertos al que vive? No está aquí; ¡ha resucitado!

—Lucas 24:1-6a

En cierta ocasión Jesucristo dijo: «El sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el sábado» (Marcos 2:27-28) ¿Cuál es la implicación de esta afirmación? Cuando Dios instituyó la observancia del sábado nunca fue su intención la de cargar al hombre con la infinidad de regulaciones judaicas que el rabinismo fariseo usaba para agobiar a las personas. Dios quiso que ese día sea un tiempo de reposo para el alma dedicado para oír las buenas noticias de lo que Dios hizo para salvar a la humanidad. Lo único que da reposo real al alma humana son las buenas nuevas de Salvación. Hoy, gracias a la obra salvífica de Cristo, los cristianos reposamos de nuestros esfuerzos por salvarnos por nosotros mismos y de tratar de agradar a Dios con nuestra propia buena conducta. Confiamos en los méritos de Jesucristo, su obediencia perfecta a la ley y su vida derramada por nosotros en la cruz del Calvario como suficientes para poder estar en buenas cuentas con Dios.

En este sentido estamos muy claros respecto al sábado pues los cristianos vivimos en un sábado, es decir, un reposo continuo desde aquél sábado en que Cristo pasó por la tumba (Hebreos 4:9-11). Hoy el sábado nos habla, no tanto de que Dios reposó después de la Creación, sino del reposo que Cristo nos da por sus méritos. ¿De qué nos habla el domingo de Pascua?

Al amanecer de aquél domingo las mujeres que fueron al sepulcro esperando encontrar el cadáver de su maestro escucharon la mejor buena noticia: «¿Por qué buscan ustedes entre los muertos al que vive? No está aquí; ¡ha resucitado!» Sí Cristo resucitó y estando vivo es el rey de toda la creación. Eso significa que, aunque ya no tenemos nada que hacer para salvarnos y agradar a Dios —puesto que todo lo hizo él—, todavía podemos servirle en gratitud porque él está vivo. No tenemos que vivir lamentándonos «si no hubiera muerto, podría consagrar mi vida a él. Él está vivo y podemos expresarle nuestra gratitud por la eternidad.

Oración:

Señor, gracias que hoy Jesucristo está vivo. Sé que por él vivo también yo. En gratitud quiero vivir consagrado a su servicio. Amén

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