LA PUERTA ESTRECHA DEL CIELO

Esfuércense por entrar por la puerta estrecha, porque les digo que muchos tratarán de entrar y no podrán. Lucas 13:24

El zoológico ofrecía paseos gratis en camello. Para poder hacerlo, uno tenía que pasar a través de una puerta no más alta que un metro y veinte centímetros y de sesenta centímetros de ancho. Así se impedía que los niños más grandes y los adultos se subieran en el camello.

Hay una puerta al cielo, Jesús lo dijo. Él lo debe saber porque es el carpintero que, con su pago por el pecado, la construyó. De hecho, él es la Puerta. En Juan 10:9 nos dice: “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo”. Con la expresión “el que”, Jesús indica que él es él la puerta que abre el cielo para todas las personas. Pero, al mismo tiempo, dice que la puerta es estrecha. ¿Por qué?

Porque solo puedo entrar al cielo por medio de él. Si estoy inflado con mis propios méritos, no puedo pasar por la puerta. Si llevo mis pecados, soy demasiado ancho. Los pecadores que lo intentan son como los Tres Chiflados de las viejas comedias, que tratando de pasar por una puerta, cambiaban de dirección y con sus pesados movimientos siempre terminaban en la acera.

¿Es esa puerta estrecha una advertencia para mí? Es hora de volver a preguntar: “¿Qué significa, exactamente, Jesús para mí? ¿Es él en realidad mi única puerta al cielo? ¿Demuestro que él es mi puerta al cielo, por mis esfuerzos de estar más cerca de él, por medio de su Palabra? ¿Es esa puerta estrecha un consuelo para mí?” Cuando el pecado me vuelve a inundar en otra semana de vida, ¡qué consuelo me da saber que el cielo sigue abierto por causa de Jesús!

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Oración:

Señor Jesús, te pido que me sostengas seguro en la fe en ti como la única puerta al cielo. Amén.