LOS DIEZ MANDAMIENTOS

Cuando el Señor terminó de hablar con Moisés sobre el Monte Sinaí, le dio las dos tablas del testimonio, tablas de piedra, escritas por el dedo de Dios

– Éxodo 31:18 (NBLH)

¿Le gustaría leer algo escrito por el mismo Dios? El Señor le dio a Moisés las «dos tablas del testimonio». Estas eran las dos tablas de piedra sobre las que habían sido escritos los Diez Mandamientos. Según Éxodo 32:15-16, Dios mismo suministró las tablas y escribió en ellas por los dos lados. Esos mandamientos eran la santa ley de Dios la cual él quería que se conservaran. Las tablas fueron «escritas con el dedo de Dios», es decir, que la escritura que había en las tablas fue un milagro de Dios. Los diez mandamientos es la única parte de la Biblia que Dios mismo escribió; el resto fue escrito por sus siervos con las palabras que el Espíritu Santo, la tercera persona de la Trinidad, inspiró en ellos.

Dios resumió los Diez Mandamientos en dos (Deuteronomio 6:5; Levítico 19:18), y el Señor Jesucristo enfatizó eso en Mateo 22:37-40, cuando dijo: «De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas». Por esto, sabemos que los Diez Mandamientos tratan de dos relaciones de amor muy importantes. En tal sentido podemos decir que la primera tabla trata del amor a Dios y la segunda del amor al prójimo.

Dios no solo escribió los Diez Mandamientos; también los habló audiblemente a toda la congregación de Israel. Esto nos muestra la gran importancia de la ley moral. Los Diez Mandamientos comienzan con estas palabras: «Yo soy Jehová, tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre» (Éxodo 20:2, RV60). Así, Dios se identifica como el Dios del pacto, quien es misericordioso y que incondicionalmente prometió rescatar a su pueblo.

El Dr. Augusto Pieper, uno de los profesores más apreciados de nuestra iglesia, solía decir de este versículo: «En todas las Escrituras, no hay un evangelio más puro ni más consolador que este versículo con su promesa». ¿Por qué? Dios había cumplido su promesa: había sacado a su pueblo de la esclavitud. Israel había experimentado la redención que vino de sus manos. Dios dio sus Diez Mandamientos, no para que, por su obediencia, ellos pudieran obtener una relación favorable con él, sino para que pudieran darse cuenta de sus muchas transgresiones de la ley, y de su gran necesidad del amor perdonador que sólo este Dios de gracia les podría otorgar gratuitamente.

Oración:

Señor, guárdame de imaginarme que obedeciéndote puedo agradarte. Ayúdame a tener presente que tu ley me muestra cuán pecador soy y cuánto necesito los méritos de Cristo para ser salvo. Pues solo por tu amor es que en gratitud quiero amarte y amar a mi prójimo. Amén.

Meditaciones son presentadas por Publicaciones Multilingües-WELS y www.CristoPalabraDeVida.com.

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