MÁS ALEGRÍA Y CONSUELO

Pero, cuando se cumplió el plazo, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, a fin de que fuéramos adoptados como hijos. Gálatas 4:4,5

La aldea de Florida, Missouri, es hoy solo un punto en la carretera; en un parque cercano está la pequeña choza de dos habitaciones en la que nació el autor americano Mark Twain. En ese lugar, al borde de la carretera hay un marcador con estas palabras: “En esta aldea nació Mark Twain el 30 de noviembre de 1835. Él alegró y consoló a un mundo cansado”.

Con sus escritos llenos de humor, Twain le trajo algún consuelo a un mundo cansado. Le enseñó a la gente a reír un poco a pesar de su dolor. Pero eso fue lo más lejos que pudo ir. Nuestro misericordioso Dios ha hecho mucho más por nosotros. Cuando el reloj de la salvación señaló el medio día, envió a su Hijo a alegrar y consolar a un mundo cansado. El amor de Dios hizo esto de una manera muy singular: puso a su Hijo eterno en carne humana, por medio del vientre de una virgen; lo hizo para que su Hijo pudiera estar bajo las exigencias de la ley y bajo el peso del pecado. Dios envió a su Hijo para hacer lo que no podía hacer la humanidad pecadora. Con su vida perfecta, Jesús cumplió, en lugar nuestro, cada uno de los mandamientos de Dios; con su muerte inocente, Jesús pagó cada uno de los pecados de cada uno de los seres humanos. “Consumado”, dice de los mandamientos de Dios; “consumado”, dice del pago de los pecados. Puedo estar en el cielo limpio de pecado y revestido de la justicia de Jesús.

“¿Alegría y consuelo para un mundo cansado”? ¿En qué otro lugar las puedo hallar, si no es en el regalo de Navidad que nos da Dios en su propio Hijo? ¿Qué me puede traer mayor alegría que saber que Dios envió al Redentor también por mí?

Oración:

Dios me ama con gran amor, me ama también a mí; envió a Jesús para liberarme, Te doy gracias, Señor. Amén.