EL ALMA QUE PEQUE, ESA MORIRÁ

El alma que peque, esa morirá. El hijo no llevará el pecado del padre ni el padre llevará el pecado del hijo; la justicia del justo recaerá sobre él y la impiedad del impío recaerá sobre él.

—Ezequiel 18:20, Reina Valera 1995.

Los textos de las meditaciones de hoy y ayer parecerían dar a entender que Ezequiel enseñaba la salvación por obras. Pero no es así. Lo primero que resaltan estos textos es la responsabilidad del individuo frente a su pecado. El pueblo de los israelitas del tiempo de Ezequiel no quiso admitir que merecían el castigo por su propio pecado. Por esto Dios, por medio de Ezequiel, deja claro que él no es injusto.

Somos responsables ante Dios de cada pecado que cometemos contra la ley que él ha escrito en nuestros corazones. Es verdad que por causa de la caída de Adán y Eva nacemos pecadores y, por eso, tenemos la tendencia a pecar. Pero nadie nos obliga a pecar. Puesto que nuestra carne es débil nuestra tendencia a pecar es muy fuerte.

Cuando somos incrédulos estamos espiritualmente muertos, incapaces de hacer nada para salvarnos (Efesios 2:1). Somos enemigos de Dios, y activamente hostiles a su voluntad (Romanos 8:7), y todo lo que podemos hacer, según nuestros poderes naturales espirituales, es pecar. Sin embargo Dios nos dio una conciencia que nos muestra qué es lo malo y por qué no debemos hacerlo. Cuando escuchamos a esa conciencia nace el deseo de escuchar acerca de la salvación. Pero cuando hacemos oídos sordos a la conciencia poco a poco la acallamos (Eso le sucedió a Judas) También cuando resistimos al evangelio que nos habla del perdón gratuito, nuestro corazón se endurece cada vez más hasta que llega el momento de su endurecimiento final.

Pero el ser justos, de acuerdo a como lo define la Biblia, no resulta de nuestro esfuerzo por ser buenas personas o por hacer el bien. El justo es justo sólo por la misericordia de Dios que por gracia lo sacó del camino de perdición mediante el poder del evangelio. El evangelio produce fe en nosotros. Sin embargo un justo que descuida su alma no alimentándola con el evangelio, gradualmente perderá la fe, y con ello, la vida eterna.

Oración:

Señor Jesús, te pido que, por medio de los medios de gracia, me afirmes en la verdadera fe para que mi atención y confianza para salvación descansen solo en ti.  Amén.

www.cristopalabradevida.com/

Meditaciones son presentadas por Publicaciones Multilingües-WELS y www.CristoPalabraDeVida.com.

Licencia Creative CommonsEsta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.

Todas las citas bíblicas, a menos que se indique lo contrario, están tomadas de La Santa Biblia, Nueva Versión Internacional®, NVI®. Copyright © 1986, 1999, 2015 por Biblica, Inc. ™ Todos los derechos reservados en todo el mundo.