ROJAS CON SU SANGRE 

Las Escrituras… dan testimonio en mi favor. Juan 5:39

“Corte la Biblia en cualquier parte, y derramará sangre roja,” dijo el pastor en una clase de confirmación. Y tenía razón. Cuanto más escudriñamos las Escrituras, más vemos a Cristo y su preciosa sangre. Desde el Génesis hasta el Apocalipsis, el tema de la Biblia es el Salvador enviado por el amor de Dios.

La simiente que se les prometió a los caídos Adán y Eva en el jardín del Edén era una referencia al Salvador. El arco iris que fue puesto en el cielo después del diluvio universal fue una garantía de que Dios cumple sus promesas, incluida la principal, sobre el Salvador. La promesa que llevó a Abraham a una tierra extraña se centró en el Salvador que iba a venir. Cuando David tocaba el arpa y cantaba sus salmos, su tema amado giraba alrededor del Salvador. Cuando Isaías tomó su pluma, fue especialmente para escribir sobre el Salvador que iba a nacer de una virgen y que iba a ser herido por nuestras transgresiones. Cuando Malaquías cerró el Antiguo Testamento, lo hizo con las consoladoras referencias al Salvador que iba a venir como el sol en el cielo de la mañana.

Nosotros, los que vivimos en el Nuevo Testamento, lo podemos leer con mayor claridad. Como un hilo rojo, Jesús está tejido en todos los libros de la Escritura. Él vino, sufrió y murió, y resucitó. Jesús pagó todos nuestros pecados y restauró la paz entre el hombre y Dios. Dios hizo que él llevara nuestros pecados y nos dio su justicia. Ahora, podemos mirar hacia adelante, a la vida eterna por medio de él y con él. Abra la Biblia donde quiera, y ahí está Jesús, nuestro único Salvador.

Oración:

“Las Escrituras dan testimonio a mi favor,” dijo Jesús. Señor Dios, ayúdame siempre a verlo. Amén.