(Lectura de la Biblia en tres años: Jueces 21:1–9, Lucas 14:15–24)

POR LA BOCA MUERE EL PEZ

Los israelitas habían jurado en Mizpa: «Ninguno de nosotros dará su hija en matrimonio a un benjaminita.»

—Jueces 21:1

Dios, por medio del profeta Oseas dijo a Israel lo siguiente: «Tú, Israel, has venido pecando desde los días de Guibeá, y allí te has mantenido. ¡En Guibeá la guerra tomará por sorpresa a los malvados!» (Oseas 10:9). ¿A qué se refería?

Los sodomitas de Guibeá, población del territorio de la tribu de Benjamín, al no haber logrado violar a un viajero levita, abusaron de la concubina del hombre toda la noche hasta que cayó muerta a la puerta de la casa donde los alojaron. Él envió partes de la mujer a todas las tribus en demanda de castigo, porque los hombres de Guibeá «porque esa gente cometió un acto depravado e infame en Israel.» (Jueces 20:6). Los benjamitas no quisieron entregar a los criminales para que fueran condenados a muerte. Por esto el resto de Israel entró en guerra contra Benjamín resultando casi la extinción de la tribu. Solo sobrevivieron 600 varones y ninguna mujer. También los israelitas hicieron el juramento del texto de hoy. Así la tribu de benjamín estaría condenada a su extinción pues no les estaba permitido casarse con paganas. Más tarde los israelitas se dieron cuenta del gran error y desastre que significaría la desaparición de una de las tribus. ¿Romperían su juramento? Ni siquiera pensaron en la posibilidad de hacerlo. En lugar de ello se reunieron en asamblea para determinar, que puesto que los de Jabés Galaad no habían ido a la guerra contra benjamín, deberían morir. La orden: «Vayan y maten a filo de espada a los habitantes de Jabés Galaad. Maten también a las mujeres y a los niños. Esto es lo que van a hacer: Exterminarán a todos los hombres y a todas las mujeres que no sean vírgenes.» (Jueces 21:10–11). La maldad de Israel se evidenció en su falta de integridad respecto a sus valores. Para ellos era más importante su juramento que la vida de los seres humanos, en este caso, sus hermanos en la fe. Dios no quiere que nuestros valores sean basados en el legalismo sino en el amor: «El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor.» (Romanos 13:10, RV60)

Oración:
Señor, gracias porque por tus méritos me has permitido entrar en tu reposo. Me has iluminado con la luz de tu evangelio y me has dado vida nueva de tal manera que la luz de tu amor ya brilla en medio de mis tinieblas. Te suplico siempre brilles en mí. Brilla en mí reflejando la luz del Padre, tu glorioso evangelio de amor. Gracias a ti puedo reposar de querer salvarme por mis propios méritos. Amén.

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