GRACIAS A CRISTO ESTOY EN PAZ CONMIGO MISMO

He aprendido a estar satisfecho en cualquier situación en que me encuentre. Sé lo que es vivir en la pobreza, y lo que es vivir en la abundancia. He aprendido a vivir en todas y cada una de las circunstancias, tanto a quedar saciado como a pasar hambre, a tener de sobra como a sufrir escasez. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.

– Filipenses 4:11-13

¿Cómo está su relación consigo mismo? Si nuestra relación es como Dios quiere, entonces, nuestra vida cotidiana tendrá paz, felicidad y confianza. De lo contrario, no tendremos paz interior y nuestra vida cotidiana será de ansiedad y frustración. Para tener una buena relación con nosotros mismos dos cosas son necesarias: 1. La persona indicada, y 2. La actitud indicada.

Todos necesitamos que alguien afecte nuestra vida positivamente. ¿Dónde podemos encontrar tal persona? Esa persona indicada es nuestro Padre Celestial. Dios es el único que nos ama desinteresada e incondicionalmente. El amor con el que Dios nos ama es aquel amor superior, más elevado y espiritual que los griegos llamaron «ágape». Es un amor capaz de dar la vida por el ser amado sin esperar nada a cambio. «Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros» (Romanos 5:8). Dios entregó a su Hijo a la muerte por nuestros pecados. Sólo Dios ama así.

Lastimosamente nosotros esperamos este tipo de amor de las personas que nos rodean, y como fallan en demostrarnos tal amor nos decepcionan. Sin embargo, Dios sigue amándonos con amor ágape y está muy interesado en nuestro bien. Eso es un buen motivo para sentirnos felices.

También necesitamos una actitud indicada. No importa cuánto nos amen con amor ágape, si no tenemos la actitud indicada no podremos disfrutarlo. Una actitud indicada es aquella que se ha despojado del egoísmo. Queremos ser amados en primer lugar antes que amar nosotros primero. Dios quiere que seamos instrumentos por los cuales él transmita su amor a otros. Nuestra inconformidad no permite que disfrutemos las bendiciones de Dios. Nos frustramos cuando no tenemos lo que queremos y las cosas no resultan como queremos. Un cambio de perspectiva nos ayudará mucho: «Si no puedes tener lo que deseas, desea lo que tengas». Pablo lo expresó así: «Es cierto que con la verdadera religión se obtienen grandes ganancias, pero sólo si uno está satisfecho con lo que tiene. Porque nada trajimos a este mundo, y nada podemos llevarnos. Así que, si tenemos ropa y comida, contentémonos con eso» (1 Timoteo 6:6-8).

Oración:

Señor, concédeme serenidad, para aceptar aquello que no puedo cambiar; fortaleza, para cambiar lo que debo cambiar; sabiduría, para distinguir entre las dos; y gratitud para apreciar tu santa voluntad y tu paz en Cristo. Amén.