CORRA LA VOZ

“Vayan al cruce de los caminos e inviten al banquete a todos los que encuentren”. Así que los siervos salieron a los caminos y reunieron a todos los que pudieron encontrar, buenos y malos, y se llenó de invitados el salón de bodas. Mateo 22:9,10

Qué banquete ha preparado Dios. Jesús dice en su parábola que es una fiesta de bodas. Las mesas están sobrecargadas con las mejores comidas; el ambiente es de felicidad, y la lista de invitados es ilimitada. El Señor quiere que todos, los buenos y los malos, disfruten de la salvación que él ha preparado en Jesús. Todos han de ser invitados, los que tienen brillo en los ojos y los que tienen su vida cubierta de suciedad.

Y eso es, exactamente, lo que ha ocurrido. Como una piedra que va saltando rápidamente a través del agua, la invitación a la fiesta de salvación de Dios se movió a través de los países y de los siglos. Un repaso del libro de los Hechos muestra que creyentes como Pedro y Pablo fueron siervos de Dios que invitaron a los pecadores a la fiesta. Una rápida mirada a la iglesia primitiva revela la manera como los creyentes llevaron con ellos el evangelio a dondequiera que iban. Las sillas de la sala de banquetes de Dios se iban llenando.

Y alguien me invitó a mí también. No tiene ninguna importancia si mi invitación llegó por medio de uno de mis padres, del cónyuge, de un pastor o de un maestro. Por la gracia de Dios, tengo una silla en la fiesta de la salvación. Ahora es mi turno. Les puedo ofrecer a mi familia, a mis vecinos y a todos los de mi comunidad alrededor del mundo esta invitación: “Vengan a la fiesta de salvación que Dios ha preparado; vengan y disfrútenla por siempre”.

Oración:

Señor, te doy gracias porque me invitaste a tu fiesta de salvación. Te pido que me uses para invitar a otros. Amén.