LA PALABRA DE DIOS PERMANECE POR SIEMPRE.

Alguien me ordenó que gritara, y yo pregunté: “¿Qué debo gritar?” Entonces escuché: “Grita que todo ser humano es como la hierba y como las flores del campo. Grita que la hierba se seca, y las flores se marchitan, cuando Dios lanza sobre ellas el viento del desierto. En cambio, la palabra de Dios permanece para siempre”.

— Isaías 40:6-8, TLA

La Dolania americana, un insecto único en su género, habita al sur de los Estados Unidos de América, tan al sur como La Florida. A principios del verano, después de su estado larvario, el insecto adulto emerge antes del amanecer. El macho inmediatamente busca aparearse con una hembra y muere al poco tiempo de lograrlo. La hembra deposita sus huevos en el agua y muere a los cinco minutos. Esta clase de insecto ha sido clasificado dentro de la especie denominada «efímera» porque nunca supera los treinta minutos de existencia adulta. Es una de las pocas criaturas que literalmente nunca comen, pues su corta existencia no les da tiempo para buscar alimento. ¿Qué sentido tiene una vida tan corta? Recordarnos lo breve que es nuestra vida humana aquí en la tierra.

Dios quiere que tengamos presente esta verdad. Somos apenas un soplo, un suspiro que pronto se desvanece. Por esto manda al profeta que lo anuncie a gritos, para que todos lo escuchen y tengan conciencia de la importancia de saberlo. Nuestros logros y éxitos alcanzados, la prosperidad material, buena salud y el afecto que familia, amigos, colegas y vecinos nos expresan son tan temporales como nuestra propia existencia. Al final, en la tumba todos somos iguales: polvo que arrastra el viento. Todos queremos pensar que somos importantes y deseamos hacer algo igualmente importante. Las obras de arte, los libros de historia y los monumentos antiguos dan testimonio de pasadas y grandiosas culturas que hoy ya no existen. Desparecieron porque todos los hombres son como hierba, y cada uno de sus éxitos, toda su gloria, no es más que una flor que florece bellamente pero que rápidamente pierde su lozanía y muere. No importa lo que el hombre pueda llegar a alcanzar, la muerte nos acecha a todos y vendrá y nos devorará un día.

El mensaje de Juan el Bautista no solo hablaba del perdón sino también de la vida eterna. Dios, en el bautismo no solo nos da el perdón de los pecados, también nos otorga la vida eterna, pues nos hace nacer de nuevo por el poder de su eterna palabra. (1 Pedro 1:23-25 cf. Santiago 1:18; Tito 3:5; Juan 3:5)

 

Oración:

Señor, gracias a los méritos de tu Hijo Jesucristo, en el bautismo por el poder del evangelio me diste perdón de pecados, un nuevo nacimiento, vida eterna, el don de la fe, un nuevo espíritu y tu Espíritu Santo, sin que yo lo merezca. Solo puedo decirte gracias por tanto amor. Amén.  

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