ÚLTIMAS INSTRUCCIONES DE DAVID PARA SU HIJO SALOMÓN

David ya estaba próximo a morir, así que le dio estas instrucciones a su hijo Salomón: «Según el destino que a todos nos espera, pronto partiré de este mundo. ¡Cobra ánimo y pórtate como hombre! Cumple los mandatos del Señor tu Dios; sigue sus sendas y obedece sus decretos, mandamientos, leyes y preceptos, los cuales están escritos en la ley de Moisés. Así prosperarás en todo lo que hagas y por dondequiera que vayas, y el Señor cumplirá esta promesa que me hizo: “Si tus descendientes cuidan su conducta y me son fieles con toda el alma y de todo corazón, nunca faltará un sucesor tuyo en el trono de Israel.”»

– 1 Reyes 2:1-4

En Deuteronomio 17:18–20, Moisés dejó instrucciones para los reyes que iban a gobernar a Israel en el futuro. El rey tenía que hacer una copia manuscrita de la ley de Moisés y estudiarla diariamente. David, conociendo esas instrucciones, ordenó a Salomón que cumpliera todo lo que Moisés había escrito. Al cumplir esos mandamientos, Salomón sería «como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo y su hoja no cae, y todo lo que hace prosperará» (Salmo 1:2,3). En los cinco libros de Moisés, Salomón aprendería cómo llegaron a existir todas las cosas, por qué nuestro mundo está tan lleno de pecado y problemas, y la manera en que Dios prometió repetidamente que iba a enviar al Salvador del pecado.

Dios bendecirá a todos los que cumplen lo que él ha mandado. En el caso de Salomón, la bendición iba a ser una larga línea de descendientes que iban a gobernar el pueblo de Dios. El más grande de esos descendientes sería el Mesías, que establecería un reino eterno (2 Samuel 7:13). Dios continúa bendiciendo a todos los que escuchan su Palabra y la obedecen. La bendición más grande para el creyente es la vida eterna en la presencia de Dios por toda la eternidad. Sin embargo, no podemos cumplir perfectamente la voluntad divina y por eso merecemos toda la ira de Dios. Jesucristo vino para ser nuestro doble sustituto al obedecer perfectamente la voluntad de Dios y al padecer, por nosotros, la ira de Dios en la cruz del Calvario. En gratitud vamos a querer oír, aprender, y obedecer gustosamente la Palabra de Dios.

Oración:

Señor, transfórmame por el poder de tu evangelio de manera que te tema y te ame, de tal modo que no desprecie tu palabra ni la prédica de ella; sino que la considere santa, la oiga y aprenda de buena voluntad, por Jesucristo mi justicia. Amén.

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