“Por esos días, Augusto César promulgó un edicto en el que ordenaba levantar un censo de todo el mundo. Este primer censo se llevó a cabo cuando Quirino era gobernador de Siria, por lo que todos debían ir a su propio pueblo para inscribirse” (Lucas 2:1-3).

¿QUIÉN ES ESTE REY RECIÉN NACIDO? — ES EL SOBERANO DE LA HISTORIA

Información de última hora: “El vuelo 1440 de Atlanta se ha estrellado; no hay sobrevivientes”. Los lamentos de las sirenas policiales: ¿Qué acto violento ha destrozado la vida de alguien? La voz quebrada del padre: “Mamá tiene cáncer”.

Las tragedias irrumpen de muchas maneras en nuestra vida. Algunas nos afectan personalmente; otras abruman nuestro corazón cuando vemos el dolor de los demás. Cualquier tragedia puede suscitar preguntas: ¿Por qué permite Dios que esto ocurra? ¿Acaso Dios no está en control de este mundo?

Quizá José tuvo preguntas semejantes cuando escuchó que César Augusto había decretado un censo: ¿Por qué ahora, cuando el embarazo de María está tan avanzado? ¿Le hará daño a ella o al niño el viaje? ¿Cómo voy a proveer para ella en Belén?

Cualquier pregunta o duda que hubiera tenido José, sobre todo tenía la promesa del Señor. Por medio de un ángel el Señor había prometido a José: “María tendrá un hijo, a quien pondrás por nombre JESÚS” (Mateo 1:21). Dios estaba cuidando a esta familia.

En realidad, siglos antes, mediante el profeta Miqueas, el Señor había profetizado que el Salvador nacería en Belén (5:2). José y María no eran peones cambiados de sitio por el capricho de un emperador romano. Más bien, el Señor usó al emperador romano para el cumplimiento de la profecía de Miqueas y el plan eterno del Señor. El Señor es siempre el que manda. El Rey recién nacido es el soberano de la historia.

La próxima vez que la tragedia lo sacuda, recuerde que Jesús es el soberano del mundo. Si él puede usar a un emperador pagano para llevar a José y María a Belén, ¿acaso no puede usar las pequeñas y grandes tragedias en su vida para su bien? Cuenta con la promesa del Señor: “Sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de los que lo aman, es decir, de los que él ha llamado de acuerdo a su propósito” (Romanos 8:28). Usted también tiene la promesa del Señor de la total liberación de tragedias en el cielo: “Dios enjugará las lágrimas de los ojos de ellos, y ya no habrá muerte, ni más llanto, ni lamento ni dolor” (Apocalipsis 21:4).

A menudo cuando contemplamos la vida, es como ver un tapiz muy de cerca. Solo vemos un enredo de colores. Aun así, cuando damos un paso atrás, comenzamos a ver el maravilloso diseño que el amor de Dios ha elaborado. Y el hilo dorado que lo une todo es nuestro Salvador Jesucristo, el soberano de la historia.

Oración:

Señor Jesús, guíame a confiar en tu amor para volver la tragedia en bendición. Amén