EL VALLE DE LA DECISIÓN

Muchos pueblos en el valle de la Decisión; porque cercano está el día de Jehová en el valle de la Decisión.

El sol y la luna se oscurecerán, y las estrellas perderán su resplandor.

—Joel 3:14-15, RV95

Algunos predicadores han mal interpretado este texto del profeta Joel. Erróneamente enseñaron que cada ser humano se encuentra en el valle de la decisión para decidir seguir a Cristo o no. Inclusive, existe una canción que dice: «He decidido seguir a Cristo, no vuelvo atrás, no vuelvo atrás. Aunque otros vuelven, yo sigo a Cristo» que con tales palabras enfatiza la obra humana por sobre la obra de Dios. Estos predicadores suministran a las personas «tarjetas de decisión» en las que registran la fecha de esa decisión. También hay iglesias que valoran el éxito de sus esfuerzos en el número de decisiones que han logrado. Por otra parte, la Biblia enseña que la salvación sucede solo por obra de Dios y que el mérito es solo de Él: «Porque por gracia ustedes han sido salvados por medio de la fe, y esto no procede de ustedes, sino que es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.» (Efesios 2:8-9).

Cuando Joel menciona el valle de la Decisión, el término se refiere a la Decisión de Dios y no del hombre. En el versículo 2 de lo llama valle de Josafat, significando el valle del juicio. Por tanto se refiere al juicio final, cuando Dios anunciará su veredicto respecto a todas las naciones. Pero no necesitamos esperar ese día de Jehová para saber cuál es la decisión severamente justa del Juez, pues está escrito: «Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él. El que cree en él no es condenado» (Juan 3:17,18). El juicio final solamente pone de manifiesto una decisión de gracia que Dios tomó cuando nos escogió desde la eternidad para que seamos suyos, y después nos redimió de todo pecado con la sangre de su Hijo.

No podemos callar sobre el otro resultado del juicio final. «Pero el que no cree ya está condenado por no haber creído en el nombre del Hijo unigénito de Dios. Ésta es la causa de la condenación: que la luz vino al mundo, pero la humanidad prefirió las tinieblas a la luz, porque sus hechos eran perversos.» (Juan. 3:18,19). «Esos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.» (Mateo. 25:46, DHH).

Los justos no van a la gloria eterna por sus propios méritos ni por haber decidido ser seguidores de Cristo. Ellos van solo por los méritos de Jesucristo. Méritos que no benefician a los que se pierden, pues persistentemente los menospreciaron.

Oración:

Señor, no merezco nada excepto tu ira eterna. Por los méritos de Jesucristo, su obediencia activa en lugar mío y su sacrificio expiatorio tengo salvación por medio de la fe. Afírmame, te suplico, en la verdadera fe para la vida eterna. Amén. 

 

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