“Me preparas un banquete a la vista de mis adversarios; derramas perfume sobre mi cabeza y me colmas de bendiciones” (Salmo 23:5)

EL SEÑOR ES MI ANFITRIÓN REAL 

Un rey ha preparado un banquete real. Se han hecho preparativos muy complicados. Se han ordenado montones de comida y de manjares. Se ha decorado todo el palacio. El rey mismo está dispuesto a recibir a sus huéspedes personalmente, dispuesto a darles la bienvenida y honrarlos derramando sobre sus cabezas perfumes costosos. ¡Y maravilla de maravillas, yo, un humilde siervo fiel, he sido invitado a ese banquete!

En este versículo, David cambia ligeramente la imagen. El Señor, quien ha sido representado como el Pastor, ahora aparece como un anfitrión real que ha preparado un banquete delicioso para sus fieles seguidores. Ellos van a ser sus huéspedes de honor. ¡Una gran ocasión de verdad!

Aunque la imagen ha cambiado, el mensaje es el mismo. El Pastor es un verdadero Rey de amor, un anfitrión real en el banquete de salvación que preparó para sus humildes súbditos. Es un anfitrión que sigue sirviendo a sus huéspedes con tal generosidad que sus vidas están rebosantes de alegrías y bendiciones.

Cada cristiano puede exclamar con fe gozosa junto con David: “El Señor ha preparado un banquete para mí. Me recibe derramando sobre mi cabeza perfumes agradables como señal de que soy un huésped especialmente importante. Me ha dado con tanta generosidad que tengo más de lo que necesito. Me ha llenado de tanta felicidad que mi alegría está completa. No deseo nada más”.

Este banquete, que es un símbolo del banquete eterno que el Señor prepara para quienes lo aman y lo siguen, ya ha empezado realmente. Después de temporadas de duro trabajo y problemas en la vida, después de rachas de pesar y sufrimiento, el Rey de amor, nuestro Buen Pastor, nos refresca con la alegría eterna. Ya en esta vida, la felicidad viene después de la tristeza conforme a la voluntad del Señor. Ya en esta vida, el Rey de amor nos da una muestra de ese banquete celestial en la palabra y el sacramento por los cuales nos sustenta la verdadera vida en nosotros. Incluso ahora, estamos participando en el banquete de la salvación del anfitrión real, mientras seguimos adelante con nuestra vida de fe.

Y David dice que Dios ha preparado este banquete “a la vista de mis adversarios”. Los enemigos de los creyentes, el diablo y el mundo que crean mucho de los sufrimientos y las dificultades de esta vida, solo mirarán avergonzados y derrotados. Ya no podrán impedir ni perturbar la buena fortuna de los huéspedes reales del Salvador. Solo nos envidiarán a nosotros, que en fe confesamos: “El Señor es nuestro Pastor, nuestro anfitrión real, nuestro Rey de amor”.

Oración:

Señor, aliméntame con tu palabra de vida y llévame finalmente a probar tu banquete celestial en lo alto. Amén.

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