UNA PREGUNTA QUE EXIGE UNA RESPUESTA

Cree en el Señor Jesús; así tú y tu familia serán salvos. Hechos 16:31

Si se desata un incendio en el hotel que nos aloja, lo mejor es que sepamos dónde está la salida más cercana. Pero si alguien pregunta: “¿Quién va a ganar la serie mundial el año que viene?”, podemos vivir sin saberlo. Algunas preguntas exigen una respuesta; pero ninguna la exige más que esta: “¿qué debo hacer para ser salvo?”

Un poderoso terremoto acababa de sacudir la prisión en la que tenían en cautividad a Pablo y a Silas. Cuando el carcelero, que fue corriendo desde su cama a la escena, vio que el terremoto había liberado también a los otros prisioneros, estaba horrorizado. Cara a cara con el poder divino detrás del terremoto, temeroso por lo que le iba a ocurrir por haber dejado escapar a los que le habían encomendado, estaba listo para caer sobre su espada. “¿Qué debo hacer para ser salvo?”, preguntó lleno de angustia. Y no se refería solo al gran apuro en el que estaba en la tierra, sino a los pecados que lo condenaban delante del tribunal del juicio de Dios.

Como respuesta, Pablo levantó la cruz de Jesús: “Cree en el Señor Jesús; así tú y tu familia serán salvos”, le aseguró al tembloroso pecador. Nada más es necesario para la salvación. Esa cruz está teñida de rojo con la sangre de Jesús; él llevó a esa cruz todos nuestros pecados. En esa cruz, él pagó cada uno de nuestros pecados. A esa cruz se deben dirigir los pecadores para que sean salvos. “Todos nuestros pecados fueron puestos sobre él, todos nuestros pecados fueron pagados por él”, es la única respuesta a esa que es la más importante pregunta sobre la salvación”. Si yo conozco esa respuesta, gracias a Dios, porque él me la dio; si no la conozco, le pido a Dios que me la haga saber.

Oración:

Señor, te doy gracias por el Salvador que pagó todos mis pecados y por la fe para confiar en él. Amén.