CUIDADO CON PERDER LA PAZ

Por lo tanto, si alguien piensa que está firme, tenga cuidado de no caer.

– 1 Corintios 10:12

En muchos lugares existen letreros con la advertencia: «Peligro». Gracias a estos letreros se han evitado innumerables infortunios. Del mismo modo Pablo nos advierte sobre el peligro de caer. Estamos agradecidos por el aviso. La Biblia contiene varias advertencias que nos animan a ser cuidadosos en perseverar en la fe. Sin embargo, puesto que no llegamos a la fe por las buenas obras, es importante tener en cuenta que tampoco permanecemos en la fe por las buenas obras.

También necesitamos estar prevenidos de la existencia de un gran enemigo de las buenas relaciones. Este enemigo es la impenitencia y el único remedio es el arrepentimiento. La impenitencia es obstinación en el pecado, dureza de corazón para arrepentirse de él. La característica principal de la impenitencia es el orgullo pecaminoso. El orgullo pecaminoso no quiere una salvación gratuita y por eso es un importante obstáculo que perjudica una buena relación con Dios. Dios dice que somos absolutamente pecadores y que no podemos merecer la salvación. El orgullo pecaminoso no quiere reconocer que somos tan pecadores y que no podemos merecer la salvación. Después de que el orgullo pecaminoso fue removido de su corazón, Pablo pudo admitir: «Yo sé que en mí, es decir, en mi naturaleza pecaminosa, nada bueno habita» (Romanos 7:18).

Solo Dios puede extirpar nuestro orgullo pecaminoso y lo hace cuando con su ley nos confronta con nuestro pecado y cuando, aterrorizados por tal revelación, reconocemos que estamos perdidos. Entonces Dios nos consuela con su evangelio, la promesa de perdón en Cristo. Así somos conducidos al arrepentimiento. Arrepentimiento significa literalmente «un cambio de actitud» que cambia nuestro deseo de desobedecer la voluntad de Dios en un deseo de obedecerla. El arrepentimiento ocurre cuando nuestro cristianismo ya no es solo un modo de pensar sino un modo de vivir; no es un asunto de conveniencia sino de convicción. Jesús dijo: «¿Quién es el que me ama? El que hace suyos mis mandamientos y los obedece» (Juan 14:21).

Si nosotros adoptamos una actitud de egoísmo, o avaricia, o venganza sin perdón, o inmoralidad sexual, o chisme o traición. Si vivimos con una actitud impenitente que rehúsa obedecer la voluntad de Dios, entonces no podemos esperar tener ni paz, ni felicidad, ni contentamiento en nuestra vida. Pero, cuando el evangelio cambia nuestra actitud, nuestra vida también cambiará, ¡para mejor!

Oración:

Señor, concédeme un arrepentido corazón que no sea tan orgulloso, sino que quiera reconocer mis pecados y aceptar tu perdón como el favor totalmente inmerecido que es. Concédeme una fe humilde por medio de la cual mi relación contigo pueda ser restaurada. Lo pido en el nombre de Jesús. Amén.