NUEVAS FUERZAS PARA EL CANSADO.

Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; mas los que esperan en Jehová tendrán nuevas fuerzas, levantarán alas como las águilas, correrán y no se cansarán, caminarán y no se fatigarán.

— Isaías 40:30-31, Reina Valera 1995

Uno de los males más extendidos de los tiempos actuales es el distrés. Este estado de angustia, usualmente es conocido con su nombre popular «estrés». El distrés puede ser provocado por la alta exigencia que involucra el trabajo, la escuela, las personas que nos rodean o la muerte de un pariente o amigo, y puede llegar a ser tan nocivo al punto de causar la muerte.

En alguna medida todos hemos sido víctimas del distrés y eso evidencia la fragilidad humana. Ser humano significa ser frágil. Con el paso de los años nos fatigamos y nos debilitamos fácilmente cada vez más aún. Desde el mismo día de nuestro nacimiento nuestros organismos inician un proceso de desgaste que al final concluirá con nuestro fallecimiento. Aun los más fuertes y saludables envejecen y mueren. Los jóvenes parecen rebozar energía y ser incansables, y sin embargo, ellos también se agotarán y caerán. Pero es a nosotros, criaturas tan limitadas, que Dios promete que nuevas fuerzas.

¿Cómo podemos recibir llegar a tener esas «nuevas fuerzas»? El Señor responde «Los que esperan en Jehová tendrán nuevas fuerzas». ¿Quiénes son los que esperan en Jehová? Son todas aquellas personas que tienen fe. La fe en él concede este poder. Cuando confiamos en la fuerza humana, caemos; cuando confiamos en el Señor para seguir adelante, él nos oye. Los creyentes no sólo recibirán aliento sino que serán renovados. Tener fe no es el resultado de esforzarse en creer (2 Tesalonicenses 3:2). La verdadera fe es un don de Dios que él otorga a través del evangelio predicado o administrado en los sacramentos (Romanos 10:17; 1:16). Quienes hemos sido bautizados recibimos el don de la fe en el bautismo. Pero este don puede debilitarse y necesita ser fortalecido. La fe es afirmada cuando participamos en la santa cena o cuando escuchamos el evangelio en el sermón de la iglesia. La fe es fortalecida cuando es alimentada por el evangelio. En gratitud a la obra redentora que Cristo hizo, queremos conservar y fortalecer el don de la fe por medio del poder del evangelio.

Oración:

Señor, confieso que mi fe no es tan fuerte como me gustaría. Pero sé que tú fortaleces y afirmas la verdadera fe mediante tu evangelio. Te doy gracias, pues por los méritos de Jesucristo me declaraste justo y me diste fe. En gratitud quiero adorarte solo a ti. Concédeme, por tus medios de gracia, ser afirmado en la verdadera fe para la vida eterna. Amén.

 

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