UN ALTO PRECIO POR UN PRECIOSO REGALO

Nadie puede salvar a nadie, ni pagarle a Dios rescate por la vida. Tal rescate es muy costoso; ningún pago es suficiente. Salmo 49:7,8

¿Cuánto vale la vida? “Nada”, dicen algunos mientras que la extinguen dentro del vientre materno o fuera de él, en el mundo. “Unos cien dólares”, calcula el científico, cuando analiza los elementos químicos que hay en el cuerpo humano. “Es preciosa”, responde Dios mientras mira lo que él ha dado. Y su respuesta es la única que cuenta.

La vida es un regalo que solo Dios puede dar. Cada momento de nuestra vida es un regalo que él nos da. Y, como todos los otros regalos que vienen de Dios, la vida tiene un propósito. De hecho, ese propósito hace que la vida sea el regalo más precioso. Es el tiempo que le concede el amoroso Dios a cada individuo, para que aprenda sobre el Salvador Jesús y sea preparado para el cielo por medio de él. Por causa de ese propósito, Dios protege cuidadosamente la vida, mandando a los demás que mantengan sus pecaminosas manos fuera del tiempo de gracia que él le da a cada persona.

El valor de la vida se hace más evidente cuando veo el precio que Dios ha pagado por ella. No es frecuente que alguien dé su vida por otro. Ese sacrificio puede prolongar la vida sobre la tierra pero no la puede salvar para el cielo. La sangre humana no tiene valor para llevar a los pecadores al cielo; solo la sangre del propio Hijo de Dios puede pagar el rescate necesario para reconciliar al humano pecador con su Creador. El hecho de que Dios haya enviado a su Hijo a pagar el inmenso precio de su muerte expiatoria, indica claramente el valor que Dios les ha atribuido a las personas. ¿Cuánto valgo yo? Como pecador, no valgo nada; pero ante los ojos de Dios soy precioso por causa de su amor y de la sangre de Jesús.

Oración:

Señor, te doy gracias por la vida; y mucho más te doy gracias por Jesús, por quien tengo la vida eterna. Amén.