ENSÉÑAME TAMBIÉN A MÍ, SEÑOR

Entonces, comenzando por Moisés y por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras. Lucas 24:27

Debió ser una maravillosa clase bíblica. El maestro era el Señor Jesús; los estudiantes, dos campesinos judíos. La ocasión, la primera tarde de Pascua; el tema: Jesucristo es el centro de toda la Escritura. El resucitado Salvador llevó a esos dos discípulos de Emaús a través de las Escrituras del Antiguo Testamento. En todas las partes a las que los guió, encontraron su redención de pecadores. “Las Escrituras… dan testimonio en mi favor,” dijo una vez (Juan 5:39). Ahora les enseñó a esos discípulos cómo la humildad de la Navidad, el dolor del Calvario y la victoria de Pascua habían sido predichas por Moisés y todos los profetas.

¿Hubiera yo deseado estar en esa clase bíblica en la primera tarde de la Pascua? ¿O estoy consciente de que ya participo plenamente en ella? El resucitado Salvador camina conmigo y me enseña tan maravillosamente como les enseñó a los dos discípulos de Emaús. “Ven,” me dice, mientras me lleva al Nuevo Testamento. “Permíteme mostrarte la manera como nací, fui crucificado, y resucité tal y como fue predicho, para que tus pecados puedan ser perdonados. Ven, déjame mostrarte la manera como mi amor por pecadores como tú hizo que fueran necesarias mi muerte y mi resurrección.”

¿Por qué el Salvador resucitado usó las Escrituras ese día con los discípulos? ¿Por qué no se limitó a señalarse a sí mismo y pedirles que creyeran? ¿No cree usted que él estaba tratando de decirme algo? “¿Quieres venir a escuchar mi clase bíblica?” estaba preguntando. “Entonces, ve a mi Palabra; ella da testimonio de mí.”

Oración:

Resucitado Señor, llévame más profundamente en tu Palabra, para que siempre te conozca como mi Salvador. Amén.