ORIGÉN DEL SACERDOCIO AARÓNICO

Al ver Moisés que el pueblo estaba desenfrenado, pues Aarón lo había permitido, para vergüenza en medio de sus enemigos, se puso a la puerta del campamento y dijo: —Quien esté de parte de Jehová, únase a mí.

Y se unieron a él todos los hijos de Leví.

Él les dijo: —Así ha dicho Jehová, el Dios de Israel: “Que cada uno se ciña su espada, regrese al campamento y vaya de puerta en puerta matando cada uno a su hermano, a su amigo y a su pariente”.

Los hijos de Leví hicieron conforme a lo dicho por Moisés, y cayeron del pueblo en aquel día como tres mil hombres. Entonces Moisés dijo: —Hoy os habéis consagrado a Jehová, pues cada uno se ha consagrado en su hijo y en su hermano, para que él os dé hoy la bendición.

– Éxodo 32:25-29 (RVR1995)

Después de oír a Dios en el monte Sinaí sobre la idolatría de los israelitas, y de interceder primero por el pueblo, Moisés descendió del monte llevando las tablas de piedra escritas por Dios con los Diez Mandamientos y al ver el desenfreno del pueblo se llenó de ira y arrojó las tablas, quebrándolas. Entonces preguntó quién le ayudaría a restaurar el orden. Los levitas, los de su propia tribu, acudieron inmediatamente para ayudar a frenar el pecado y mataron con la espada a tres mil israelitas. Así se detuvo la idolatría. «Entonces dijo Moisés: “Hoy han recibido ustedes plena autoridad de parte del Señor; él los ha bendecido este día, pues se pusieron en contra de sus propios hijos y hermanos”.» (Éxodo 32:29)

La intención de Dios fue tener una nación de sacerdotes (Éxodo 19:4-8). Aunque los israelitas aceptaron con sus palabras ser esa nación, con sus hechos mostraron que no querían serlo y preferían servir a los ídolos. Cuando Moisés demandó de los idolatras fruto de arrepentimiento, solo los levitas lo evidenciaron. Por esto fueron constituidos en sacerdotes para el resto de los israelitas.

Dios todavía demanda que su pueblo sea celoso y santo. Esto significa que debemos amar lo bueno y odiar el pecado. Cuando callamos frente a evidentes pecados de quienes afirman ser cristianos y no les amonestamos, nos constituimos en cómplices de su pecado. Por esto merecemos toda la ira de Dios. Jesucristo reprendió el pecado en lugar de nosotros y sufrió el castigo que nosotros merecemos. En gratitud vamos a querer defender la santidad y reprender el pecado.

Oración:

Cristo, ven al corazón, a morar por siempre en él, y obtenido tu perdón ¡Haz que pueda serte fiel! Amén.

Meditaciones son presentadas por Publicaciones Multilingües-WELS y www.CristoPalabraDeVida.com.

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