(Lectura de la Biblia en tres años: Éxodo 34:1–17, Mateo 24:35–41)

¡JEHOVÁ! FUERTE, MISERICORDIOSO Y PIADOSO

Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación.

— Éxodo 34:6,7 RV60

¿Cómo es Dios? Esta pregunta no tiene una respuesta corta pues trata acerca del ser que es superior a todo cuanto existe. Sin embargo él mismo ha revelado en su Palabra muchos de sus cualidades. Especialmente aquellos atributos que imprescindiblemente deben ser conocidos a fin de evitar que nos formemos una idea falsa acerca de quién y cómo es él en realidad.

Cuando Moisés descendió del monte Sinaí, el pueblo ya se había sumido en el desenfreno e idolatría pecando contra el primer mandamiento. Por eso, rompió las tablas de piedra que contenían los mandamientos escritos. Más tarde, tuvo que subir al monte para recibir, de nuevo, las tablas. Allí Dios hizo un pacto con Moisés y pasó delante de él manifestando su gloria tal como lo relata el texto de la meditación de hoy. El Señor dijo de sí mismo que es «fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad». Dios es precisamente así. No es un ser iracundo listo para fulminar al primero que lo desafía. Pero eso no significa que hace la vista gorda frente al pecado.

Ante quienes se rebelan obstinadamente contra lo santo y lo puro, él todavía extiende su paciencia aún hasta la tercera y cuarta generación. No obstante, el Señor es Santo y correcto. Por esto de ninguna manera tendrá por inocente al malvado. Lo que significa que quien piensa y se deleita en imaginar que «Dios es buenito y que nunca castiga», el tal está sumamente errado y no conoce al verdadero Dios. Aunque la misericordia del Señor no tiene límites, él no pasa por alto la gravedad del pecado. Cada pecado es un abuso que se hace de la gloria de Dios, puesto que quebranta su santa ley. ¡Por lo tanto, ningún pecado queda sin castigo! Por esto necesitamos un doble sustituto. Cristo sufrió el castigo que merecemos y él obedeció perfectamente para que seamos declarados justos. En gratitud vamos a querer apreciar la misericordia divina siguiendo la santidad.

Oración:

Señor, no soy perfecto y por eso merezco toda tu ira. Es solo gracias a tu obra redentora que soy salvo y permanezco en la fe verdadera. Te suplico me guardes de apartarme de tu misericordia. Amén. 

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