“Todos fijan en ti su mirada, y tú les das su comida a su tiempo. Cuando abres tus manos, colmas de bendiciones a todos los seres vivos” (Salmo 145:15,16)

ALABEMOS AL SEÑOR; ÉL SATISFACE LO QUE NECESITAMOS A DIARIO

Con cuánta facilidad no valoramos las bendiciones diarias de Dios. Las estadísticas revelan que la población mundial podría muy bien sobrepasar los diez mil millones para el año 2020. Ese es un gran contraste con las dos personas que Dios puso al principio en la tierra. Por consiguiente, se necesita mucha comida para alimentar a tanta gente. Menos del 12 por ciento de la tierra firme del mundo se puede cultivar. Solo alrededor de 1.500 millones de hectáreas de tierra se pueden dedicar para producir cosechas. Sin embargo, Dios ha cuidado este mundo. La productividad ha aumentado con regularidad.

El versículo del salmo de hoy nos recuerda que Dios puede proveer para nosotros, no únicamente por medios naturales sino también por medios sobrenaturales. Dios proporcionó maná del cielo para su pueblo en el desierto (Éxodo 16:12). Envió cuervos para alimentar a Elías (1 Reyes 17:4), y no permitió que la harina ni el aceite faltaran en la casa de la viuda de Sarepta (1 Reyes 17:16). Nuestro Dios está dispuesto y puede proveer. “Pues si Dios viste así a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se echa en el horno, ¿no hará mucho más por ustedes, hombres de poca fe?” (Mateo 6:30).

Confesamos en la explicación de Lutero del Primer Artículo del Credo Apostólico que Dios todavía nos sostiene, dándonos abundantemente y a diario vestido y calzado, comida y bebida, casa y hogar, consorte e hijos, tierra, animales y todo lo que poseemos, y todo lo necesario para sostener nuestro cuerpo y nuestra vida. También nos defiende contra todo peligro, nos guarda y protege de toda maldad. Todo esto lo hace Dios porque es un Padre celestial bondadoso y misericordioso, y no porque lo hayamos ganado ni merecido. Por todo esto debemos darle gracias y bendecirlo, servirlo y obedecerlo.

Dios no solo provee para nosotros, sino para todas las criaturas vivientes. Mientras que Dios nos da el privilegio y la responsabilidad de ser “señores de los peces del mar, de las aves de los cielos, y de todos los seres que reptan sobre la tierra” (Génesis 1:28), tenemos la seguridad de que proveerá lo que ellos también necesitan.

La gloria del Señor nos ha iluminado. Nos da abundantemente y a diario y nos sustenta. Es digno de nuestras alabanzas.

Oración:

“¡Bendice, alma mía, al Señor! ¡Bendiga todo mi ser su santo nombre!” (Salmo 103:1). Gracias, Señor, por proveer para mí y para toda tu creación. Sigue dándonos el pan de cada día. Ayúdanos a jamás olvidar de bendecirte por todos tus beneficios. Amén.

Comentarios

Comentarios