SU PALABRA DA VIDA 

Ciertamente les aseguro que el que cumple mi palabra, nunca morirá. Juan 8:51

El miedo a la muerte es universal. La muerte no es un tema común de conversación durante el café de la mañana en el restaurante, ni en el descanso en la fábrica. Las mujeres tampoco discuten sobre ese tema cuando están en el salón de belleza. Tendemos a olvidar pronto el tema de la muerte. Cuando tenemos que enfrentarnos a la muerte, tratamos de ocultarla y alejarnos de ella tan rápidamente como nos sea posible. ¿Por qué? Porque en lo más profundo de cada uno, todos sabemos lo que viene después de la muerte. Sabemos que hay un Dios ante quien comparecer y un juicio al que debemos responder. Y todo eso hace que la muerte sea el rey de los terrores.

Así que, cuando Jesús habló sobre no morir nunca, ¿podría haber esperado alguien que esos fariseos se sentaran y le pusieran atención? Cuando él prometió que los que escuchen y crean su Palabra nunca van a tener que poner los pies en el infierno, ¿no deberían haber estado escuchando con los oídos muy abiertos?

A mí tampoco me gusta mucho la muerte. No es mi tema favorito de conversación. No hay mayor dolor que el que es causado por la pérdida de un ser amado. Pero no le tengo miedo a la muerte. No desde que Jesús llenó la cruz del Calvario y dejó vacía la tumba que le pertenecía a José. Sí, “la paga del pecado es la muerte,” y eso es lo que el Hijo de Dios sin pecado vino a pagar. Él llevó mis pecados sobre sus hombros sin pecado, sufrió por ellos los terribles dolores del infierno, y pagó mi deuda para siempre. En él, yo tengo la seguridad de que viviré por siempre. Jesús dice: “Créeme.” Es una infinita necedad no hacerlo.

Oración:

Sí, Señor, yo creo, por tu gracia y por la obra del Espíritu. Ayúdame siempre a creer. Amén.