“Dios enjugará las lágrimas de los ojos de ellos, y ya no habrá muerte, ni más llanto, ni lamento ni dolor; porque las primeras cosas habrán dejado de existir” (Apocalipsis 21:4).

LAS PRIMERAS COSAS HABRÁN DEJADO DE EXISTIR —¡NO HABRÁ MÁS SUFRIMIENTO!

¿Alguna vez ha planeado un viaje a un lugar lejano y exótico como a Hawai o Japón y se ha preguntado cómo sería? Se informó sobre el clima, la geografía y la cultura del pueblo, pero hasta que usted en realidad llegue allí y viva la experiencia del lugar, lo único que puede hacer su mente es imaginarse cómo es.

Con razón los cristianos usualmente preguntan: “¿Cómo será el cielo?”. Los niños pequeños que apenas comienzan a aprender acerca del cielo harán esta pregunta. Los ancianos que esperan ir allí dentro de poco preguntarán lo mismo. Es natural que los que saben que un día vivirán en el cielo pregunten cómo será.

Juan nos da una respuesta parcial a esta pregunta, diciéndonos lo que no habrá allí: muerte, llanto, lamento ni dolor. ¿Y por qué no estarán esos sufrimientos allí? Juan explica: “Porque las primeras cosas habrán dejado de existir”. Después de que Dios juzgue a todos y destruya el cielo y la tierra viejos, introducirá a los creyentes a su cielo nuevo como el lugar permanente donde vivirán. ¡Y sí, en el cielo no habrá más sufrimiento!

Por cierto, una cosa que ya no existirá y no vamos a extrañar serán nuestras lágrimas. Cuando entremos a la vida nueva con nuestro Dios, él tiernamente enjugará las lágrimas que estén presentes. Es una escena conmovedora del profundo amor de Dios por nosotros. Enjugar nuestras lágrimas será quitar todas las cosas que causan lágrimas. Al ver nuestra vida aquí en la tierra ahora, tenemos muchos motivos para derramar lágrimas. Ninguna de ellas existirá en el cielo.

En el cielo, finalmente seremos perfectos como Dios. Las emociones y todos los pensamientos que tenemos estarán en armonía perfecta con Dios. ¡Todas las cosas que causan a la gente sufrimientos interminables aquí en la tierra: la muerte, el llanto, el lamento y el dolor, no estarán en el cielo! Sabemos que todas esas cosas penosas son resultado del pecado. A causa de que no habrá más pecado en el cielo, las consecuencias del pecado también desaparecerán.

¿Es difícil imaginarse esto? Lo es para mí. ¿Cómo podemos imaginar algo tan maravilloso? ¿Quién no ha sentido la tragedia y el dolor que ha causado la muerte de un ser querido? ¿Qué creyente no ha sufrido por el dolor del rompimiento de una relación, el sufrimiento de una enfermedad o dolencia, o la angustia por tantas injusticias? En esta visión del cielo, Juan revela que todas esas cosas quedarán atrás. ¡Gracias a Dios!

Oración:

Bendito Salvador, cuando las pruebas y los problemas causen estrés y dolor, recuérdame esta escena bienaventurada. ¡En el cielo no habrá más sufrimiento! Amén.