DESCANSE EN JESÚS

Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. 1 Tesalonicenses 4:13

Un sultán le pidió a un escribano que compilara una historia resumida de la raza humana. El hombre regresó con este resumen: “Nacieron. Sufrieron. Murieron”. Los cristianos podemos agregar un cuarto acontecimiento: “Vuelvan a vivir”.

Eso es lo que Pablo les dijo a los creyentes de Tesalónica; los consoló usando la palabra dormir en lugar de la palabra morir. El sueño le da descanso a la mente. Recuerdo las ya lejanas noches cuando mi mamá me acostaba en la cama, las noches posteriores en las que me deslizaba en la cama agotado por los rigores del día. La muerte trae descanso de la batalla contra el pecado y del cansancio que causan los problemas de la vida.

La palabra dormir indica también la continuación de la existencia; cuando me quedo dormido, no dejo de existir. Y tampoco dejaré de existir cuando muera; en la muerte, mi cuerpo terminará su existencia terrenal, y mi alma irá al cielo. En el último día, Cristo va a resucitar mi cuerpo para reunirlo en forma perfecta con mi alma, para una vida que no tendrá fin.

Pablo me puede decir, por ese glorioso descanso, que no me aflija como los incrédulos que no tienen esperanza. Desde luego, me aflijo cuando son apartados de mí los seres amados, pero no sin esperanza como los incrédulos. Tengo la segura esperanza de que la vida es más que nacer, vivir y morir. Jesús vivió y murió para pagar todos mis pecados; y porque él resucitó, hay un cuarto capítulo en mi existencia: voy a vivir de nuevo.

Oración:

Señor, te doy gracias por el consuelo de saber que los que han muerto en la fe en ti, viven por siempre. Amén.