“Sé que tu bondad y tu misericordia me acompañarán todos los días de mi vida, y que en tu casa, oh Señor, viviré por largos días” (Salmo 23:6)

BAJO EL AMOR DEL PASTOR 

Durante el estudio del salmo 23, hemos visto que la gloria del Señor ha resplandecido sobre nosotros mientras vivimos bajo el cuidado del Pastor. Hoy vemos las alturas de esta gloria mientras vivimos bajo su amor.

En la NVI este mismo salmo habla de “la bondad y el amor”. Amor es tal vez una de las palabras más usadas en nuestro lenguaje. El uso frívolo y despreocupado de la palabra le ha robado su verdadero significado. Aun en el entorno de la iglesia, la palabra ha tomado un significado que evoca simplemente un sentimiento afectivo y cálido.

El apóstol Juan nos ayuda a entender el verdadero significado de la palabra: “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 4:10). El amor del Buen Pastor por nosotros lo llevó a dar su vida por nosotros. Él nos asegura: “Yo soy el buen pastor; el buen pastor da su vida por las ovejas” (Juan 10:11). Dio su vida por nosotros en el Calvario, a fin de que podamos vivir para siempre en paz con Dios.

Lo que lo hace aún más sorprendente es que nadie obligó a nuestro Buen Pastor a hacerlo. Una vez más dice: “Por eso el Padre me ama, porque yo pongo mi vida para volver a tomarla. Nadie me la quita, sino que yo la doy por mi propia cuenta” (Juan 10:17,18). ¡Esto es amor verdadero! ¡Esto es lo que me acompañará todos los días de mi vida!

Vea usted, cuando la promesa se hace en esta última parte del salmo: “Sé que tu bondad y tu misericordia me acompañarán todos los días de mi vida”, no significa que tendré algo como una subida emocional cálida y confusa en mi vida. Significa que el amor de Dios que me mostró en Cristo nunca me dejará. Significa que no depende de las circunstancias externas de la vida. El amor de Dios para mí es un acto terminado y cumplido. Su Hijo, mi Buen Pastor, dio su vida como un sacrificio por mi pecado y luego resucitó triunfantemente del sepulcro.

La bondad de Dios y este amor nunca pueden fallarme, porque él no cambia como mis emociones lo hacen a menudo. La bondad y el amor del Buen Pastor me aseguran que mi vida en este mundo es temporal. Mi verdadero hogar está en la casa del Señor, y allí viviré todos los días de mi vida. Esa es la promesa. Su promesa la garantizó su amor, y su amor se manifestó en su sacrificio. ¡Qué bendición estar bajo el amor del Pastor!

Oración:

Querido Señor, mi Buen Pastor, guárdame siempre seguro en tu amor hasta que llegue a mi hogar celestial contigo. Amén.