ÉL GUÍA EN EL CAMINO

Pero yo siempre estoy contigo, pues tú me sostienes de la mano derecha. Salmo 73:23

¿Hay una escena más conmovedora? El niño pequeño que se levanta con sus piernas vacilantes y trata de dar sus primeros pasos, porque las fuertes manos de su padre lo están sosteniendo y guiando.

¿Escuché al salmista? “Siempre estoy contigo [Dios]”, dice él, “pues tú [Dios, siempre] me sostienes de la mano derecha”. O, dicho de otra manera; “Dios está siempre conmigo”. Observe bien cómo se produce esta conexión estrecha y constante del creyente con Dios. No soy yo quien busca la mano derecha de Dios, sino es Dios quien viene a mí desde el cielo. Por mí mismo, yo el pecador no quiero tener nada que ver con Dios. Al pecador no le importa absolutamente nada la guía de Dios, hasta que Dios se inclina, estirando su mano de gracia desde el mismo cielo, para obrar la fe en mi corazón. Entonces, y solo entonces, yo le puedo decir a Dios: “Yo estoy siempre contigo”.

Fíjese en lo que dice el salmista que sigue cuando Dios me sostiene de la mano derecha: “Me guías con tu consejo”, escribió. Dios me guía en el camino por el que debo ir. Necesito esa bendita guía, sobre todo cuando se trata de mi pecado. Con dolor, debo admitir que mis pensamientos, mis palabras y mis actos se apartan cada día de la línea central del camino de la vida. Las raíces del pecado en mi vida diaria son tan profundas que mis neumáticos ruedan sobre ellos de manera casi automática. A veces, un pecado súbito me hace girar fuera de control. Pero cuando Dios me sostiene de la mano derecha, soy lavado y emblanquecido más que la nieve por la sangre de Jesús y recargado con su poder para una nueva vida.

Oración:

Cristo, mi piloto sé En el tempestuoso mar;

Fieras ondas mi bajel Van a hacerlo zozobrar,

Mas si Tú conmigo vas Pronto al puerto llegaré;

Carta y brújula hallo en Ti: Cristo, mi piloto sé. Amen. (CC 158:1)